viernes, 12 de junio de 2020

9 años sin Paco Martí. Mi cuarto año de dirección.


Hola papà,

Tu aniversario de despedida me pilla especialmente saturada de trabajo.

Todos los años te cuento lo mismo pero este año cobra especial intensidad al estar viviendo una pandemia mundial.

Hace meses que paralizamos el mundo por un virus que sigue entre nosotros.

Siguen muriendo personas pero gracias a las medidas de contingencia que se han aplicado a nivel mundial,  la sanidad empieza a poder hacer frente a la hospitalización total de las personas afectadas.

En marzo cerramos el país.

A nivel educativo, que es el que siempre compartiremos en trabajo y en alma, se cerraron todos los centros de hoy para mañana y nos obligamos toda la comunidad educativa a crear una burbuja virtual donde las realidades de todos y cada uno de los hogares eran diferentes.

Teletrabajo, hijos e hijas en casa, familiares infectados, trabajos de riesgo, brecha digital, sobresaturación de trabajo online, ruedas de prensa diarias…

A nivel de gestión puedes imaginarte que ha sido y está siendo un caos.

Leyes que aparecen y se modifican, instrucciones que se publican y tienen que entrar en vigor en un par de días, normativas que se interpretan diferente según el tiempo y el lugar… caos total.

Pero pese a todo lo negativo quiero que sepas que soy feliz.

Que todas estamos bien, que tus hijas siguen sus estudios. Que Iris el año que viene hará su último curso de bachillerato, que Violeta ha terminado su último examen de medicina y ya solo le queda las prácticas finales, el TFG y el temible MIR. Que Marga ha cuidado de Abril durante todo el curso hasta que nos confinamos, ha hecho un master en enseñanza de lenguas e interculturalidad y está en proceso de obtener titulación de inglés.

Nadie la hubiera cuidado mejor que ella. Ya sabes la mano que siempre ha tenido para los niños y niñas y para ayudar a los demás.

Que las hermanas Martí tenemos tu esencia. Y eso se nota.

Y que me encanta mi trabajo.

Que una parte muy importante de mi vida se la dedico a él, que a nivel de gestión de centro educativo hemos formado un equipo, trabajamos en el dialogo, en la transparencia y en aprovechar las particularidades y diferencias de cada miembro del claustro.

Al final llevar 4 años conviviendo con una dirección, aunque muchas cosas sorprendan o sean difíciles de entender, te dan un bagaje, sobretodo mental,  para  poder sobrellevar todos los “dramones” como dice lucia Be, que van apareciendo.

Porque me encantaría conversar contigo sobre la función de un equipo directivo, porque sé que coincidiríamos en muchas cosas pero en otras, o me abrirías las ojos y me dirías que el funcionamiento de la administración es complejo o que soy demasiado motivada de la vida.

Y es que esto es algo que aún me cuesta  asimilar y al mismo tiempo no quiero asimilarlo nunca.

La dirección sola no debería ni existir. Ninguna decisión debería ser tomada por una persona sola. Ni la PGA que hoy en día la aprueba la dirección.

Partimos del equipo directivo.

3 personas.

Fundamental.

Personas abiertas, comunicación, división de tareas, responsabilidad compartida, implicación, pasión por la educación y caracteres diferentes y complementarios que hagan que frente a las adversidades y los problemas que por desgracia muchas veces eclipsan a todas las cosas buenas y constructivas, se empiecen a perfilar las respuestas que todo un claustro debe construir y aplicar.

El equipo directivo es un mero gestor de documentos, un apagafuegos y un peldaño de filtrado más entre el maestro y la maestra y el ente al que todos llamamos “administración”.

En el aula ya hay suficiente trabajo como para estar pendientes de todo lo que viene de arriba.

Durante este confinamiento he pasado por todas las fases y estados de ánimo laboral y personalmente hablando.

Soy maestra y me considero maestra. Y tutora. Y me gustaría estar igual de presente que cuando no tenía cargo.

Pero eso tengo claro que, aunque lo intento día a día y le pongo empeño. Es imposible.

Estar al frente de una dirección o pertenecer a un equipo directivo no te da la varita mágica para cambiar nada ni para imponer nada.

Y nunca la imposición debería ser una opción válida.

Para eso está la gente que se dedica a legislar, en mayor o menor fortuna, y nosotros, en los centros, a gestionar.

Trabajo cooperativo.

Esas palabras que tanto nos llenan la boca e intentamos inculcar a nuestro alumnado.

Nos cuesta.

A todos y todas.

Pero estamos en esta vida para aprender. Somos enseñantes y todos los días aprendemos algo. Cada vivencia nos da un aprendizaje nuevo o una experiencia.  Esto nos hace, o nos debería hacer, replantearnos aquello aprehendido durante toda nuestra existencia.

Maestros y maestras.

El pilar fundamental del cambio.

En la escuela pública donde cualquier funcionario puede optar a un cargo directivo durante un período determinado de tiempo, el maestro y la maestra es el pilar fundamental por el que pasa todo.

El claustro.

Dinámico, abierto, plural, singular, cambiante…

Cada uno de los integrantes aportamos cosas diferentes. Incluso cada uno de los integrantes según el momento en el que se encuentra, aporta cosas diferentes.

Dentro de cada uno de nosotros está el cambio.

¿Qué necesitan nuestros niños? ¿Qué mejoraríamos? ¿Qué cosas son intocables?

Nadie va a hacerlo por nosotros. Nosotros somos ese cambio.

TODOS Y TODAS.

Nos falta tiempo para pensar y plasmar en palabras lo que sentimos.

Tanto en nuestras vidas como en nuestros trabajos.

Muchas veces, una simple conversación, puede cambiar por completo el curso de los acontecimientos.

Un simple gesto, una simple palabra.

El alumnado necesita que nos paremos a pensar en ellos.
Las familias necesitan que les dejemos entrar en nuestros pensamientos.
La comunidad educativa necesita aportarnos el feedback constructivo de la etapa de educación reglada de sus hijos e hijas.

Gracias papá por hacerme plasmar, una vez al año y en pleno estrés de la recta final de curso, todo aquello que entra y sale de mi cabeza a nivel educativo.

Porque nunca más podremos mantener conversaciones escolares y, te fuiste demasiado pronto como para que yo me diera cuenta del valor de la palabra y la escucha.

Gracias por obligarme a, pese que tengo mil cosas que hacer, trabajo acumulado, llamadas pendientes, correos por  leer, contestar y enviar y sobretodo un marido y una hija con los que disfruto y comparto la vida día a día, obligarme a parar.

Parar y escribir.

Sin releer.

Sin guión.

Sin principio ni final claro.


Solo seguir teniendo un año más todas las conversaciones conmigo misma que no pude tener contigo.



Te quiero mucho papá.


Tu energía sigue dentro de mí.


Un abrazo eterno.


Rosa Martí










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