Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de mayo de 2024

13 años sin Pedro San Martín

 Hola Pedro. 

¿Cómo va por el universo? 

En la tierra, un año más, todas las personas que te conocimos recordamos que te fuiste a la francesa y nos quedamos sin poder seguir compartiendo la vida contigo. 

Qué difícil de entender es la muerte cuando queda tanta vida por delante. 

Qué difícil de llevar es la ausencia cuando todo estaba por hacer y todo hubiera sido posible. 

Hace trece años de aquel quince de mayo que cambió el curso de mi vida (y el de muchas otras personas) y cada vez el mundo gira más deprisa. 

Como cada año, releo la carta anterior y pienso en todo lo sucedido estos 365 días sumados a tu partida y a mi experiencia. 

Me ha pasado volando. 

Este año de alegría sin quimioterapia, sin confinamiento, con dos niñas en el colegio y un trabajo que cada día es más demandante y absorbente ha pasado como un torbellino de actividades, vivencias y aprendizajes. 

Vamos muy rápido Pedro. 

Nada que ver al ritmo que compartíamos. Y eso que, a eventos, no nos ganaba nadie. 

La tecnología nos ayuda, pero también nos esclaviza.  

Estamos aprendiendo a gestionarla y a gestionar nuestras necesidades y prioridades entre el mundo real y virtual. Entre la realidad y la ficción de la red. 

Pero no hay manual de instrucciones. 

Tampoco para la maternidad y la paternidad. 

Y menos paras las dos situaciones a la par. 

Y como en todas las nuevas experiencias, el mundo avanza entre el ensayo, el acierto y el error. 


AMA sacó disco en la primavera del año pasado y AMATEUR lo ha hecho este año con Mushroom Pillow. 

No hace falta que te cuente mucho porque sé que ellos lo harán constantemente. Hay demasiadas cosas vividas (tantas que desconozco la mayoría) y mientras sigan creando canciones, estarás presente en ellas. 

Muchas veces pienso en cómo me marcaste en esos 5 años que compartimos juntos. En la relatividad del tiempo y las palabras del bioquímico Carlos López Otín: El tiempo emocional, que nada tiene que ver con el real. 

Aprendí tanto junto a ti que pasan los años y sigue habiendo cosas que me hacen volver atrás. Te lo he contado muchas veces, pero sigo utilizando tu cartera y oliendo tu perfume (casualidades de tus gustos, todo de Paul Smith), sigo teniendo todos tus discos en el rinconcito musical de la casa (con spotify cada vez el formato físico lo utilizamos menos) y los libros de Houellebecq, Hesse o Sempé. 

Me gustaría que, aunque pasen los años, aunque se me rompa tu cartera, se termine tu perfume o las vivencias vayan difuminando los recuerdos, estas conversaciones que tenemos a solas, con la luz de una pantalla por testigo, no se desdibujen nunca. 

Las señales que me has mandado todos estos años han calado gota a gota en mis recuerdos esenciales. 

Estoy viviendo esos últimos años que viviste con mi edad. Te recuerdo vital, incansable, con las ideas claras y al mismo tiempo con una vulnerabilidad y una necesidad insaciable de ser amado. 

Leía una entrevista que le hacían a Jesús Terrés en Gatrópolis a raíz de su última novela “Buscaba la belleza” y me quedo con la frase que abre el libro: 


“Nunca sabremos cómo serían nuestras vidas si las cosas no hubiesen sido como son”. 


Y así es. 

Solo me queda recordarte. Al igual que espero que, entre todas tus partículas que han vuelto al universo y todas las ideas que creaste y que dejaste por utilizar, siempre recuerdes a aquella chica que apareció en tu mundo para quedarse, pero el destino hizo que la historia nunca pudiera continuar. 


Un abrazo grande Pedro. 


Siempre te recordaré como un ser especial. 


 



 


 

lunes, 15 de mayo de 2023

12 años sin Pedro San Martín

 Feliz inicio de semana Pedro.


Hace 12 años que dejamos de vernos y cada año que pasa, de alguna manera u otra, te siento presente.


Y sí, puede que sea mi subconsciente, mi corazón o la casualidad encontrada a la confluencia de nuestras diferentes dimensiones.


Pero hace justo una semana que mi hija Abril terminó el tratamiento oncológico contra la leucemia que empezó un 27 de enero de 2021.


Con 5 años tiene más resiliencia vivida que muchas personas que ya han pasado la mayoría de edad.


Espero que en esto no se parezca a la madre y las montañas rusas que le queden por vivir, sean altibajos banales a los que las personas damos importancia cuando lo verdaderamente importante está en orden.


Escucho “La buena vida” mientras te escribo. 


En septiembre se lio una buena al subirse casi toda vuestra discografía a la plataforma “Spotify” (plataforma musical en streaming).

De repente, todas las canciones que grabasteis con Siesta se hicieron públicas.

Fue una alegría que duró muy poco.

Un bot ruso sin autorización, hizo aparecer, crear la polémica y desaparecer, en unos días de diferencia, vuestras canciones del streaming actual.


Ya ves, hasta los rusos andan metidos en vuestra trayectoria infinita. 


En marzo, el universo me regaló una de las escapadas que más anhelaba.

Durante 3 días se iba a celebrar un congreso nacional de direcciones de escuelas públicas en Donosti.


Y decidí arrepentirme (que no lo hice) de lo hecho y volar.


Jorge se quedó con las niñas (bendita suerte la mía de compartir mi vida con él y sobrellevar las mareas y tormentas y disfrutar de las alegrías y risas juntos) y yo volví a San Sebastián y me sentí absorbida por los recuerdos, la cuadrilla y la ciudad.


Días de una intensidad brutal de sentimientos, recuerdos, reencuentros y aprendizaje.


Por una parte, conversar con personas en el ámbito laboral que apoyaron y acompañaron la reivindicación legislativa para que la interpretación de los permisos docentes se hicieran más reales y consiguieras modificar una praxis incorrecta para los docentes valencianos con hijos con cáncer.


Hay muchas personas con ganas de que nuestra educación pública sea un referente de calidad y acompañamiento emocional.

Pero hace falta inversión, gestión y red de trabajo común.


Por otra parte, volver a recorrer la bahía con el viento de cara y mirar el mar mientras el débil chirimiri me encrespaba el pelo.

Sentarme en un banco de la concha a primera hora de la mañana.


Volver al centro comercial San Martín, comprar libros en la FNAC y hablar con un señor mayor (con su periódico y su pan bajo el brazo), del tiempo, de la familia y de la vida en general.


Sentirme como hace más de una década mientras paseaba por el centro mientras tú ibas a trabajar.


Con unos días preciosos de sol, nubes grises y ese final de día evocador que regala la ciudad cuando las mareas van bailando al son del efecto lunar.


Pero lo que más feliz me hizo es quedarme en la nueva casa de Borja. Conocer a Berta y volver a compartir una noche con la cuadrilla que pudo unirse a la llamada de mi fugaz visita fue como volver más de una década atrás.


Quedaron muchas personas por abrazar y otras muchas a las que espero que no vuelvan a pasar tantos años para volver a compartir lugar.


Pero qué complicado es (aunque no debería) encontrar el momento de volver y volar.


Dejar de ser madre (por primera vez durante 3 días) y volver a ser la chica que vivió en San Sebastián junto a personas que me enseñaron placeres de la vida con los que siempre convivir.


Porque era como si nada hubiese cambiado de esas escapadas que hice un año después de perderte.


Porque no quería perder también Donosti. Y me aferraba a la ciudad y a las personas. 


Y se estaba desvaneciendo.


Y las partículas volvieron a aflorar.


Volver a abrazar a Borja, verle feliz, hablar de música, de libros, de tonterías y recordarte con la sencillez que lo hacen aquellos que no importa el tiempo que haya pasado sin mirarse a los ojos porque estamos impregnados de ti.


Me hizo mucho bien volver a ese espacio para darme cuenta de que sigues en mi esencia. Que mi vida ha cambiado tanto que poco queda de aquella chica veinteañera que se enamoró locamente de un treintañero bon vivant que le hizo descubrir el mundo, los placeres, los viajes express y los backstages de los festivales de España en general.


Y no quiero perderlo.


Cada año la experiencia de las situaciones vividas nos transforman, nos hacen replantearnos nuestras convicciones, nos invitan a mirar hacia adentro y van surgiendo nuevas dudas y comportamientos que realizamos buscando la estabilidad mental y emocional.


Pero aquí seguimos, tú mandando señales y yo compartiendo mis neuras y vivencias contigo y con el mundo.


Porque sigues existiendo en miles de corazones y pensamientos.


Para muchas personas, el 15 de mayo aparte de ser el día de la familia, la esclerosis tuberosa y San Isidro el patrón de Madrid, también es el día de recordar los momentos vividos contigo, los conciertos y canciones de La Buena Vida y tus inagotables ganas de vivir que se apagaron hace 12 años en una carretera nacional.


Espero volverte a escribir y contarte que mis hijas conocieron nuestra ciudad, que volvimos a coincidir en el universo en el cruce mágico de las coincidencias de la casualidad y de que, venga lo que venga y pase lo que pase, cada recuerdo del día que el destino nos hizo separarnos será un día tan normal como especial.


Por ti por siempre,

de corazón.

“Vapor de carga” - Hallelujah! - La Buena Vida





domingo, 15 de mayo de 2022

11 años sin Pedro San Martín

 Domingo por la mañana.

El olor a sofrito de paella valenciana, el calor y el sol que empiezan a posicionarse con fuerza.

Todo es cíclico pero nada permanece.

Hace once años me hundía en un pozo negro en el que dejé de sentir mi cuerpo para centrarme en la pena y el dolor de escuchar la noticia de haberte perdido.

Físicamente.

Porque hoy, más de una década después, sigues aquí.

En las palabras, en mis recuerdos y en los de mucha gente que sigue recordando todas sus vivencias y sentimientos que creasteis juntos.

 


Hola Pedro,

Creo que ha sido el año más extraño desde que te fuiste.

Parece que fue ayer cuando te escribí y ya han pasado 365 días en los que he escrito al mundo casi a diario los dramas, alegrías y sentimientos de una vida que, como cualquier otra, es una montaña rusa de vivencias.

Ha pasado tanto y tan poco al mismo tiempo que me cuesta cambiar algo de lo que te dije en la anterior carta.

Ayer la releía y pensé en lo afortunada que soy de poderte contar tanto en tan poco espacio. De poderte abrir mi corazón y mis pensamientos sin esperar respuesta más allá de mis entrañas.

Y sí, el parque de atracciones de nuestra vida continúa en la categoría Premium.

Seguimos viviendo en torno a un tratamiento.

Un tratamiento que ya cursa la última y más larga fase del proceso y que, en estos momentos, avanza acompañado de una rotura de tibia que nos lo ha complicado un poquito más si cabe la existencia.

Paciencia, amor y empatía.

Abril, pese a tener unas cartas malísimas, las ha sabido jugar con maestría y es una niña admirable en muchos aspectos de la vida.

Con cuatro años ha vivido tanto y tan intenso que su existencia siempre estará marcada por su partida maestra contra la leucemia.

Su partida, la nuestra y la de todas las personas que viven de cerca su juego.


Ayer se corrió la primera carrera del GR36 que separa Montanejos de Villavieja (localidad donde el patrón es San Sebastián).

En ella Pedro, el mejor amigo de Jorge y padrino de Abril, decidió crear un reto en el que se proponía recorrer sus 64 kilómetros en 8 horas y recaudar al menos 1000 euros para la investigación contra el cáncer.

La repercusión que está teniendo a nivel autonómico y local no nos la esperábamos nadie. Radio, televisión, prensa, redes y una recaudación que seguirá activa unas semanas y que ya supera casi el doble lo esperado.

Y a mí, cuando se acerca el ecuador de mayo, todo me recuerda a ti.

Los santos, los nombres, las fechas, las pequeñas coincidencias…

El día de la familia.


Todo me recuerda que sigues ahí, con tus sutiles señales, con tus recuerdos materiales que aparecen de vez en cuando por casa; como tu perfume (qué potentes son los olores), tus libros, nuestra música…

Mensajes de tus familiares, de tus amigos y amigas donostiarras, de los conocidos y conocidas del indie, de los fans de La Buena Vida que esperan con ansias que vuestra música no se quede en el olvido y que las pequeñas grandes joyas que son vuestras canciones acompañen a nuevas generaciones en sus particulares parques de atracciones de la mente y el alma.

Las redes nos siguen acercando igual que un día nos acercaron a nosotros dos.

Al mismo tiempo, han llegado a un nivel de exigencia, de rentabilidad, de manipulación y de postureo vivencial que debemos aprender a gestionarnos y acompañar en la gestión a las generaciones que avanzarán y crecerán en un entorno altamente digital.

 

Porque seguimos siendo esencia de contacto, porque el no poder tocar hace imprescindible el soñar, porque el no ser tangible hace muy difícil el recuerdo.

Pero no podemos cambiar el pasado ni vivir con miedo al presente ni al futuro.

Disfrutemos del viaje. Estemos donde estemos y seamos lo que seamos.

Cuerpo, luz, pensamiento o palabra.

 

Gracias por ser mi primera revolución emocional, Pedro.

 

Un año más lejos pero con la seguridad vivida de que mi camino siempre tendrá un trozo del tuyo entrelazado hasta la eternidad.


Por siempre y para siempre.

La flor que enseñaste a amar.






sábado, 15 de mayo de 2021

Una década sin Pedro San Martín.

Hola Pedro,

Releo la carta que te envié el año pasado y parece que se empieza a ver la luz en esta pandemia mundial que empezamos hace más de un año.

Lo que pasa es que la raza humana no aprendemos.

Nos cuesta parar y escuchar al planeta.

Y nos está diciendo a gritos que bajemos el ritmo.

De nuestras vidas, de la contaminación, de la mal entendida “libertad” de muchos…

Hace medio año me hubiera centrado en la humanidad para intentar aportar de manera global, para reflexionar sobre una sociedad en constante cambio, para explicarte que estamos viviendo más sobre la marcha que nunca.

Pero no.

Voy a hablarte de mí.

De mi familia.

De mis sentimientos.

De cómo un 25 de enero escuchas la palabra LEUCEMIA y todo se paraliza.

Porque es el diagnóstico tu hija.

Porque con dos años y medio va a vivir lo que otros muchos, ojalá, no viviremos jamás:

El camino de erradicar uno de los cánceres con el tratamiento más largo que existe.

Y en ese camino estamos.

En el de acompañar a Abril en su nueva realidad durante los próximos dos años y en traer al mundo y cuidar a la pequeña Arlet que se unió a la familia el 27 de febrero.

No te voy a decir que está siendo fácil.

Pero te digo sinceramente que está siendo menos complicado de lo que yo pensaba.

Mi diario personal que comparto con el mundo (ya sabes que siempre he sido muy exhibicionista, literariamente y fotográficamente hablando) hace que ordene los acontecimientos, los pensamientos y las reflexiones de mi cabeza y de mi corazón.

Porque no siempre van de la mano.

Pero solo las palabras pueden hacer que se lleguen a entender.

¿Sabes Pedro?

Gracias a la leucemia he dejado muchos miedos atrás de la maternidad y de la vida.

Me he dado cuenta de que los límites y los frenos los pone nuestra mente y que no vale la pena preocuparse de aquello que no puedes cambiar.

Peor hay muchas cosas que sí que podemos modificar.

Hay muchas cosas que sí que podemos decidir.

Y en eso, ahora estoy haciendo el máster de la carrera que viví hace diez años con mi padre y contigo.

Porque parece mentira que haya pasado una década sin verte.

Parece que fue ayer cuando me descubriste el mundo.

Pero ya han pasado diez años y nada es como era entonces.

Ya no soy esa veinteañera que se enfrentó a la muerte por partida doble.

A veces te recuerdo y sonrío.

Tan intenso, tan frenético, tan imparable…

Y ahora… ¿Cómo seríamos ahora?

Ahora somos invencibles.

Porque la fuerza mental que me aportaste y las experiencias vitales que me hiciste vivir, me enseñaron a soltar, a compartir y a canalizar los sentimientos para ser y estar mejor.

Cuando se rompe el hechizo de un cuento de hadas a los 25, remontas.

Vuelves a escribir otro.

Más tranquilo, más pausado, más familiar…

De repente, a los 35 años, mientras en la trama está a punto de nacer otra nueva princesita, aparece un hada malvada que invade tu casa, tus rutinas, tus planes, tus expectativas y hechiza a tu hija mayor…

Solo te queda una opción.

Seguir escribiendo.

Y esta vez no lo hago sola.

Lo hago con dos niñas maravillosas.

Una emocionada de la vida, imparable, incansable, insaciable, amante de la música, de los cuentos, de la escucha activa y del cole.

Abril.

Una bebé bendita, tranquila, pausada, que se duerme solita, que ha descubierto su dedo pulgar, que sonríe, que da paz, que vino para hacerme ver que no hay dos maternidades iguales.

Arlet.

Y un compañero de vida.

Un príncipe.

Divertido, creativo, pasional. Que igual te prepara una paella que te domotiza la casa. Cabezota. Inquieto. Trabajador. Que se está sacando el máster en enfermería y terminando los créditos que le quedaron de psicopedagogía infantil.

Jorge.

 

Porque está viviendo todos los ingresos, todos los hospitales de día, todas las quimios, las punciones, los aspirados, las ecografías, los jarabes, las tensiones, las tiritas de los pipis, las transfusiones… Sin perder ni una pizca de su esencia.

 

Y seguir juntos en la distancia es lo más complicado de todo esto.

 

En la salud y en la enfermedad.

 

Qué fácil es de decir.

 

Porque el tratamiento de Abril es la inmunodepresión de los dos.

Es la preocupación conjunta de compartir una experiencia vital transformadora.

Es la dificultad de crecer juntos viviendo realidades diferentes.

Es aprender a ayudarnos sin vernos, a escucharnos sin tocarnos y a aguantarnos sin rencores.

 

Nunca antes habíamos estado tan lejos el uno del otro y al mismo tiempo tan cerca en objetivos.

Nunca antes nos habíamos necesitado tanto y al mismo tiempo nos las estamos apañando solos.

Palabras y sentimientos reales.

Sinceridad y empatía.

No hay pócima mágica para romper el hechizo.

No hay besos de amor verdadero que nos hagan terminar el cuento en una semana.

 

Solo lo podemos escribir nosotros.

Los 4 que formamos esta familia.

Con nuestras vivencias.

Con nuestro pasado.

Si de algo estoy segura en estos diez años de aprendizaje y transformación sin estar a tu lado, es que nunca desaparecerás.

Siempre hay un recuerdo, una persona, un comentario, un objeto, un lugar… Que me recuerda que sigues ahí.

Que físicamente no estás viviendo con nosotros. Con todos los que te llevamos dentro. Pero que tus partículas elementales (uno de tus libros preferidos) siguen nutriendo cada una de nuestras células.

Cuídanos Pedro.

Sabes que yo aquí abajo voy avanzando con todo lo que se ponga por delante.

Que soy feliz.

Que me siento agradecida por, pese a que suene una locura, todo lo que nos está tocando vivir y todo lo que nos está haciendo crecer.

Y lo único que te pido es que no nos dejes.

No dejes que te olvide nunca.

No dejes de enviarme señales en mi día a día de lo que hace diez años fui contigo.

Porque ya sabes que me encantan los cuentos.

Y aunque el nuestro tuvo que terminar inesperadamente,

El mío necesita de nuestra esencia para escribir un final feliz.

 

Por otras décadas más de correspondencia universal.

 

Gracias por ayudarme a vivir Pedro.

 

Siempre te querré.

 

Rosa.





 

 

 

 

 

 

 

viernes, 15 de mayo de 2020

9 años sin Pedro San Martín


Hola Pedro,

Supongo que en la dimensión donde te alojas os habréis enterado de la situación que tenemos en la tierra.

Si hace 9 años nos hubieran dicho que esto iba a pasar mientras nos bebíamos una botella de vino blanco en aquel parque de Ámsterdam pensaríamos que el alcohol nos estaba subiendo demasiado a la cabeza.

Pero ya ves.

Nos hemos creído demasiado invencibles.

Está muriendo mucha gente y la economía se está yendo a pique.

Los sanitarios trabajan por encima de sus posibilidades con escasos recursos de protección.

Los docentes hemos creado un nuevo sistema de enseñanza virtual que pierde fuerza por todos sus poros.

Porque… ¿Quién se preocupa de los niños? ¿Quién se preocupa de los mayores?

Personas que tele trabajan, que han perdido su trabajo, que han rebajado sus jornadas laborales, que se han acogido a ERTES…

No está la sociedad para fiestas pero al mismo tiempo es lo que más necesitamos. La música, el arte, la cultura…

¿Qué nos va a pasar?

Amaia versionaba este verano en su gira truncada vuestra canción estrella.

Y nadie sabe nada.

Vamos hacia lo desconocido. Vivimos en la incertidumbre de una desescalada que se mira con lupa y nos hace plantearnos la sociedad en la que nos hemos convertido y el egoísmo del ser humano.

Al mismo tiempo hemos visto iniciativas preciosas, hemos salido a aplaudir a los balcones, hemos compartido creaciones, nos hemos dedicado tiempo, hemos dedicado tiempo a los que conviven con nosotros, hemos explotado las video llamadas y hemos repensado nuestras vidas y nuestras prioridades.

Y todo por un virus no visible a simple vista que ha hecho paralizar el mundo y nos ha quitado a millones de personas de nuestro lado.

Soy afortunada.

De momento no lo he vivido de cerca.

Tele trabajo durante toda la mañana sin parar gestionando llamadas, resoluciones, instrucciones, dudas…  Estar en contacto y coordinación con otros directores, inspección, consejería y demás órganos educativos.

Trabajamos en equipo para la gestión del centro y la coordinación docente.

Con la tutoría de sexto de primaria intento estar presente. Creo que es lo más importante. Son un buen grupo y eso se nota incluso sin poder estar con ellos.

La semana que viene nos hubiéramos ido 4 días de colonias y me duele en el alma no poder hacerlo.
Incluso Abril, que aún toma pecho, ha aprendido a dormirse con Jorge y yo me hubiera ido más tranquila.

Gracias mundo por enviarme a Jorge.

También es maestro de música pero al no tener ni la dirección del centro ni una tutoría su horario de trabajo es mucho más flexible y cuida de Abril mientras yo exprimo las mañanas.

Ya tiene dos años.

Ha empezado una etapa preciosa. Empieza a hablar y ya se parece mucho más a una niña que a un bebé.

A veces, me sale la vena egoísta de pensar que hubiera podido leer más, ver más series, escribir… pero con una niña de 24 meses en casa los planes son diferentes.

Experimentos, bailes, canciones, cuentos, pinturas, dibujos, puentes, caminos…

He aprendido a organizarme y hay tiempo para todo.

Y disfrutamos al máximo.

Bueno las rabietas no tanto… pero las gestionamos.

Espero que el mundo en el que vamos a vivir a partir de ahora se preocupe mucho más del ser que del tener, que valoremos todo aquello que en estos momentos echamos en falta y que disfrutemos de vivir con una mentalidad sostenible.

Cómo cambia la vida…

Los que se quedan no pueden despedirse de los que se van, se congelaron los abrazos, los viajes, las metas…

Y quedamos nosotros.

Si algo bueno nos debe enseñar todo esto es  disfrutar de todo lo que hacemos. De adaptarnos a las situaciones y sacar la parte positiva. De vivir.

De exprimir la vida como lo hicimos tú y yo.

Qué locura de años…

Cuánto aprendizaje, cuántos kilómetros recorridos, cuantas personas nuevas en el camino…

Aún hoy, nueve años después, me escribe gente que te conoció y que quiere compartir sus momentos contigo.

¿A cuánta gente marcaste?

¿Cuántas personas son quienes son en parte gracias a ti?

Incansable, insaciable de aprendizaje, amigo de tus amigos y de cualquier persona que se cruzara por tu camino, presumido, sibarita y al mismo tiempo defensor de los pequeños placeres.

El alma de la fiesta, el diablo de los números y el friki de los excels (con permiso de Borja).

Qué jodido es el destino.

Qué difíciles de digerir son las muertes repentinas cuando te tocan de tan cerca.

En estos momentos en los que está muriendo tanta gente en todo el mundo, miro las cifras y lloro.

Detrás de cada número hay una historia, una familia, unos amigos.

Había vida.

9 años después de perderte no tengo mucho más que decirte.

Pero te pienso. Te recuerdo. Te nombro.

Sabes que pese a que todo cambia, todo evoluciona, sigues impregnando mi vida.

Porque el tiempo no se mide en segundos, ni en minutos, ni en horas.

Se mide en momentos.

Y los que vivimos juntos nunca dejaran de impregnarme.


Cuídate y cuídanos.



Por siempre,

Rosa Martí.











miércoles, 15 de mayo de 2019

8 años sin Pedro San Martín


Hola Pedro,
Hola mundo.

Hace 8 años que desapareciste de mi vida y yo sigo contándote todo lo que me pasa por la cabeza cada 15 de mayo.

No preparo nada. Simplemente me siento y escribo. No creo que alguien a quién he querido tanto precise de preparativos para poder tener una buena conversación.

El año pasado te escribí inmersa en una montaña rusa hormonal  con un bebé de 6 días en brazos, con grietas en los pezones y sobreviviendo a una temporada de postparto que me tuvo desubicada durante una buena temporada.

Ya nada es igual.

Una nueva persona ha entrado en mi vida para cambiarla radicalmente.

Aún recuerdo las cenas con Jorge y Maider y los ratos en los que a ella le tocaba irse a la habitación a dormir a la niña.

Ahora soy yo la que hago las rutinas de sueño y aprovecho los momentos de soledad en casa para descansar.

Hubieras sido también buen padre pero la suma de obligaciones y los cambios de rutinas te habrían costado.

O no.

8 años sin verte dan para muchos cambios.

¿Cómo sería? ¿Dónde viviríamos?

Tampoco importa.

Estás. De diferente manera, pero estás.

No le podemos dar muchas vueltas a aquello que no fue pero sí podemos recordar con cariño y con una sonrisa todo lo que vivimos juntos.

Las horas que nos pasamos conociéndonos vía correos electrónicos y llamadas telefónicas, todos los aviones que cogimos, todos  los hoteles en los que nos hospedamos, los kilómetros y kilómetros que hicimos para vernos pero sobretodo la sensación de paz y de tranquilidad que nos proporcionaba estar juntos.

Porque siempre me decías que estabas feliz, que habías encontrado una estabilidad que llevabas muchos años buscando, que tenías ganas de pensar nuevos retos, nuevos planes.

Que volverías a tocar, que daríais un nuevo golpe musical, que íbamos a montar un colegio con un sistema educativo diferente y que el dinero estaba para disfrutarlo a base de experiencias y momentos.

Y te esfumaste.

Porque los accidentes de tráfico tienen esas cosas.

No es como una enfermedad en la que vas haciéndote a la idea tú y los que te rodean, no es como una ruptura en la que sabes que aunque cojáis caminos diferentes puede que algún día de nuevo un cruce os vuelva a juntar, no.

Desapareces.

Desaparecen tus pensamientos,  tu cuerpo, tus tonterías, tu manera de ver el mundo, tus disertaciones, tus secretos, tus ilusiones, tu vida.

Y pasas a ser parte de mi recuerdo. De mi subconsciente, de mi carácter, de mi persona.

Pero se acabó. No habrá más. No habrá más canciones, no habrá más conversaciones, no habrá más caricias, no habrá más Pedro.

Por eso quiero guardarte, por eso quiero recordarte, por eso quiero que sigas estando conmigo pese a que todo avanza y cambia y me cambia y me resetea.

Porque pocas personas me enseñaron tanto como tú.

Porque si juntáramos a todos los que nos acordamos de ti cada 15 de mayo haríamos temblar las leyes de la física.

Porque dejaste huella en miles de personas.

Porque lo siguen haciendo tus canciones en personas que ya nunca podrán oírte.

Porque tengo una vida plena, con un compañero de vida al que quiero con locura, una hija que me ha hecho ver la grandiosidad de la vida y un trabajo que me apasiona.

Porque quiero que Abril sepa nuestra historia, porque quiero que el mundo sepa que todo se puede superar.

 Se puede seguir queriendo y amar a la vez, porque todo lo que hemos vivido no me lo quitará nadie, porque Pedro San Martín siempre será la persona que hizo que Rosa Martí descubriera el mundo con ojos de adulta y porque cuando leas esto, junto a tu padre, y pienses que fuiste un idiota por subir en ese coche aquella noche, sí, es cierto, lo fuiste. Fue la última y la peor decisión de tu vida.

Pero fue.

Y no se podrá cambiar jamás.


Espero que seas feliz, que en tu nueva dimensión hayas seguido disfrutando igual que lo hacías conmigo, que haya buena música, que te dejen preparar tus platitos y tus cócteles y que sigas visitando los recuerdos de todos los que te han querido tanto como yo.


No me olvides Pedro.

Yo no lo haré jamás.


Dulces besos,

Rosa.




martes, 12 de junio de 2018

7 años sin Paco Martí


¡Hola papá! ¿O debería decir padre de madre?

Hace justo un año no tenía ni en mente hacerte abuelo. Bueno sinceramente ya sabes que es algo que nunca he querido desesperadamente.

Jorge sí que tenía el instinto paternal más a flor de piel y ya sabes que el verano es muy traicionero… Que te voy  a decir a ti que dos de tus cuatro hijas hemos nacido entre abril y mayo…

Abril. Tu nieta. Un cambio de vida a nivel propio, de pareja, de costumbres y de trabajo.

Una personita que necesita que la protejan, que la cuiden, que la alimenten, que la aseen y que en definitiva la ayudemos a crecer.

Tú tienes experiencia en esto pero para mí, ha sido un cambio de vida grande.

Me he criado viéndoos criar niñas. Es verdad.  Ocho, diez y quince años de diferencia entre hermanas me hicieron triplicar los recuerdos de crecimiento de Marga, violeta e Iris y sinceramente, decidir que yo no tendría hijos o por lo menos, no tantos como vosotros.

Ahora, con el paso del tiempo y con todo lo que nos ha pasado, puede que haya cambiado de opinión y pueda afirmar que tener hermanos es un regalo que solo te pueden dar tus padres.

Porque siempre estamos ahí, aunque nos veamos más, menos, aunque discutamos, aunque les haga una reflexión de “padre” o nos digamos verdades que no nos gusta oír… Aun así, siempre acabamos pensando las unas con las otras y saliendo adelante.

Porque la vida sin ti no es nada fácil. Muchas veces falta ese apoyo que para una adolescente o postadolescente es imprescindible escuchar. Alguien que esté pendiente de ti. Que te lleve el vaso de leche a la cama. Que se espere despierto cuando llegas por la noche. Que sepa cuando tienes esa prueba que tanto te preocupa o que te aconseje sobre qué camino tomar.

Y eso ya no está. Y se nota.

Tus lágrimas al despedirte cuando ya ni las palabras podían surgir de tus labios me transmitieron tantas cosas que siete años después aun siento la energía de hacer caso omiso de las situaciones desfavorables que es están desencadenando y de esperanza de saber que tus cuatro hijas seguiremos adelante pase lo que pase.

No quería contarte cosas tristes porque solo son una pequeña porción de tiempo en nuestro día a día pero se debe reconocer todo para valorar lo positivo.

Volviendo a Abril, es una lástima que no le puedas contar tu historia de cuando te caíste en una balsa, o los cuentos de la calavera Coki o las aventuras de un hueso de aceituna en alta mar o cualquier otro de los cuentos que me contabas cada noche y que incluso de tocaba duplicar o triplicar.

Aún es pequeñita, tiene un mes. Pero el tiempo pasa volando y dentro de nada me la imagino cotilleando todos tus vinilos y cds de la estantería - museo que hicimos con tus colecciones.

En breve nos mudamos de casa. Sabes que aquí hay muchos recuerdos juntos que, aunque en su día sucumbieras a alquilar la casa, en estas paredes siempre quedará la esencia Martí por mucho que se hagan obras inexplicables que duren más que la creación de la sagrada familia.

Porque cualquiera de las hermanas podrá volver a utilizarla como primera vivienda de emancipación y seguir cuidando a San José igual que lo hemos hecho durante todos estos años.

Nos vamos a una casa moderna, terminada a nuestro gusto y muy cerquita del trabajo. Las obras van lentas y puede que aún pasemos el verano aquí, pero después de un bache albañil todo se ha vuelto a encauzar y parece ser que todo ha vuelto a coger ritmo.

El trabajo bien. Este año está siendo un poco extraño. Durante el tercer trimestre no he estado yendo a trabajar y la verdad, echo en falta esa rutina.

Tampoco sé si las palabras son echar en falta. Me gusta ir a trabajar. En el aula y en el despacho cada día es una aventura y, aunque normalmente en el segundo espacio muchas veces lo que te encuentras son problemas que deben ser solucionados, me gustan mucho más los papeles que las lavadoras, las mediaciones que los programas matinales de la tele y el estrés de tener mil cosas que hacer de hoy para ayer que la tranquilidad de estar en casa preocupada de las necesidades básicas de Abril.

Con esto no quiero decir que no me apetezca estar con ella. Es una bolita preciosa que huele genial, que me pasaría (y lo hago) horas y horas mirándola mientras duerme, mama, ríe o llora. Que crece muy rápido y que ha creado un vínculo conmigo que no se puede explicar con palabras.

Pero lo quiero todo.

Y para ello hay que empezar a gestionarse. Nueva organización, prioridades y decisiones para buscar un equilibrio que me haga sentir plena en todos los aspectos de mi vida.

Y es que las hormonas que segregamos las mujeres al dar a luz nos alejan tanto de los hombres…

Creo en la igualdad, pero no en una igualdad física (se ve claramente que hombre y mujer somos diferentes a nivel físico), sino en una igualdad de responsabilidades, de potenciales, de crianza incluso, pero mi consciencia de ser ya no volverá a ser la misma.

Por mucho que me empeñe por querer volver a mi vida anterior y compaginarla con la actual, la oxitocina, la prolactina y sobretodo el apego que se ha creado entre el nuevo ser que se ha gestado de dos células diminutas en mi vientre, que ahora respira, come, llora y crece, me condiciona en toda mi vida actual.

Y los padres querréis igual o más a vuestros hijos o hijas, os desviviréis por ellos, les protegeréis siempre pero, y todo bajo mi humilde opinión, nunca tendréis el nivel hormonal o incuso atómico  o subatómico, me atrevería a decir, que tiene una madre con su bebé.

 El año que viene, cuando te vuelva a escribir, habrá habido tantas anécdotas, momentos, cambios y situaciones nuevas que me da hasta nerviosismo pensarlo.

Te fuiste demasiado pronto de este mundo.

Aún te quedaban demasiadas emociones por vivir.

Déjame al menos contártelas en cartas cada año.

Siempre serás y estarás en nuestras vidas.

Porque pese a toda mi reflexión de madre hormonada que acabo de hacer, has sido mi influencia, mi consejero, mi referente y mi PADRE con mayúsculas.

Y no, no me pariste.


Pero me hiciste.


Besos papá.


Rosa Mari


martes, 15 de mayo de 2018

Siete años sin Pedro San Martín


Hola Pedro,

Todo ha cambiado tanto este último año… sobretodo estos últimos meses y más concretamente los días más próximos al “aniversario” anual de tu despedida.

Reviso la correspondencia del año pasado y veo y confirmo como puede voltearse la vida en un año, en un mes, en una semana, en un día o en un minuto.

A nosotros nos lo van a decir…

Después de 7 años de vivencias, estos últimos 9 meses han sido el cambio más grande a nivel físico y mental que había experimentado nunca.

Soy madre, Pedro.

Como me dijo ayer Borja por teléfono (oblígame a llamarle más, por favor, sabes que le tengo presente en muchas situaciones de mi día a día pero no lo materializo ni con mensajes ni con conversaciones) cuando tienes descendencia ya nunca vuelves a ser la misma. Eres tú. Pero también eres madre. Y lo eres para siempre.

Supongo que estarás al tanto de todo. Sigo creyendo de verdad, que igual que hoy en día podemos, gracias a las redes, saber de los demás sin tenerlos cerca, tú sigues cerca sin verte.

El nacimiento de Abril se programó para el 15 de mayo aunque la fecha término era el 6. Tu despedida. Su bienvenida.

Finalmente nació el día 9 en un parto natural sin epidural. Después de cenar un kebab con amigos, ver la semifinal de eurovisión (sí, ya sé que eurovisión… que me has dejado mucho más legado musical, pero en el fondo nos gustaban esos saraos ¿verdad? El faranduleo de la noche del que cada vez estoy más apartada pero del que guardo bonitos recuerdos y relaciones que aún hoy me alegra volverme a encontrar físicamente en algún evento o seguir sus cambios por internet) y pasar unas contracciones donde me reafirmé en mi alto umbral del dolor y un expulsivo eterno donde Abril quiso salir saludando mirando al cielo.

Si hubieras vivido la era de Instagram y whatsaap… jejeje esto sí que es conexión permanente las 24h…

Pero bueno, no tendríamos esos mails interminables que guardo con tanta ternura de toda nuestra relación. En el fondo la inmediatez deja poco espacio para la reflexión y de lo segundo nosotros teníamos mucho. Pero ni arreglamos el mundo en su día ni lo haremos ahora.

Nos exponemos porque en el fondo solo queremos notar que somos. Que estamos. Y que los que ya no estáis seguís existiendo gracias a ello.

La vida es muy bonita, Pedro. Incluso en momentos en los que cuesta encontrar  hechos o pensamientos positivos siempre, siempre, aparece algo, alguien, que te vuelve a hacer sonreír.

Hormonada hasta las cejas, con la subida de leche en pleno apogeo y mirándole la cara a Abril mientras toma pecho qué te voy a contar…

Sé que te afloró el instinto paternal estando juntos, aunque sabías que mi instinto maternal era inexistente y que puede que sea ahora, en dimensiones diferentes, cuando se hayan alineado todos los astros.

Toda la historia de los ciclos lunares que me ha llevado de cabeza en la gestación, junto con tu obsesión por la meteorología y el universo han decidido que un 15 de mayo, 7 años después, la inexistente luna nueva inunde nuestros pensamientos y nos recuerde que, como comentó hace unos días el hermano de Jorge, en 2018 mayo fue Abril.

Te quiero mucho Don Pin Pon. Mamá Rosy nunca te olvidará.

Existe eternamente.