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domingo, 15 de mayo de 2022

11 años sin Pedro San Martín

 Domingo por la mañana.

El olor a sofrito de paella valenciana, el calor y el sol que empiezan a posicionarse con fuerza.

Todo es cíclico pero nada permanece.

Hace once años me hundía en un pozo negro en el que dejé de sentir mi cuerpo para centrarme en la pena y el dolor de escuchar la noticia de haberte perdido.

Físicamente.

Porque hoy, más de una década después, sigues aquí.

En las palabras, en mis recuerdos y en los de mucha gente que sigue recordando todas sus vivencias y sentimientos que creasteis juntos.

 


Hola Pedro,

Creo que ha sido el año más extraño desde que te fuiste.

Parece que fue ayer cuando te escribí y ya han pasado 365 días en los que he escrito al mundo casi a diario los dramas, alegrías y sentimientos de una vida que, como cualquier otra, es una montaña rusa de vivencias.

Ha pasado tanto y tan poco al mismo tiempo que me cuesta cambiar algo de lo que te dije en la anterior carta.

Ayer la releía y pensé en lo afortunada que soy de poderte contar tanto en tan poco espacio. De poderte abrir mi corazón y mis pensamientos sin esperar respuesta más allá de mis entrañas.

Y sí, el parque de atracciones de nuestra vida continúa en la categoría Premium.

Seguimos viviendo en torno a un tratamiento.

Un tratamiento que ya cursa la última y más larga fase del proceso y que, en estos momentos, avanza acompañado de una rotura de tibia que nos lo ha complicado un poquito más si cabe la existencia.

Paciencia, amor y empatía.

Abril, pese a tener unas cartas malísimas, las ha sabido jugar con maestría y es una niña admirable en muchos aspectos de la vida.

Con cuatro años ha vivido tanto y tan intenso que su existencia siempre estará marcada por su partida maestra contra la leucemia.

Su partida, la nuestra y la de todas las personas que viven de cerca su juego.


Ayer se corrió la primera carrera del GR36 que separa Montanejos de Villavieja (localidad donde el patrón es San Sebastián).

En ella Pedro, el mejor amigo de Jorge y padrino de Abril, decidió crear un reto en el que se proponía recorrer sus 64 kilómetros en 8 horas y recaudar al menos 1000 euros para la investigación contra el cáncer.

La repercusión que está teniendo a nivel autonómico y local no nos la esperábamos nadie. Radio, televisión, prensa, redes y una recaudación que seguirá activa unas semanas y que ya supera casi el doble lo esperado.

Y a mí, cuando se acerca el ecuador de mayo, todo me recuerda a ti.

Los santos, los nombres, las fechas, las pequeñas coincidencias…

El día de la familia.


Todo me recuerda que sigues ahí, con tus sutiles señales, con tus recuerdos materiales que aparecen de vez en cuando por casa; como tu perfume (qué potentes son los olores), tus libros, nuestra música…

Mensajes de tus familiares, de tus amigos y amigas donostiarras, de los conocidos y conocidas del indie, de los fans de La Buena Vida que esperan con ansias que vuestra música no se quede en el olvido y que las pequeñas grandes joyas que son vuestras canciones acompañen a nuevas generaciones en sus particulares parques de atracciones de la mente y el alma.

Las redes nos siguen acercando igual que un día nos acercaron a nosotros dos.

Al mismo tiempo, han llegado a un nivel de exigencia, de rentabilidad, de manipulación y de postureo vivencial que debemos aprender a gestionarnos y acompañar en la gestión a las generaciones que avanzarán y crecerán en un entorno altamente digital.

 

Porque seguimos siendo esencia de contacto, porque el no poder tocar hace imprescindible el soñar, porque el no ser tangible hace muy difícil el recuerdo.

Pero no podemos cambiar el pasado ni vivir con miedo al presente ni al futuro.

Disfrutemos del viaje. Estemos donde estemos y seamos lo que seamos.

Cuerpo, luz, pensamiento o palabra.

 

Gracias por ser mi primera revolución emocional, Pedro.

 

Un año más lejos pero con la seguridad vivida de que mi camino siempre tendrá un trozo del tuyo entrelazado hasta la eternidad.


Por siempre y para siempre.

La flor que enseñaste a amar.






domingo, 28 de agosto de 2016

Lazos

Hilos, tiras, cuerdas que mediante un cruce sobre si mismos crean una nueva forma que sirve para adornar, decorar o unir.

Personas, animales o cosas que por circunstancias buscadas o aleatorias terminan compartiendo espacio y tiempo.

Porque todo fluye y cambia. Todo mejora o empeora pero nada queda igual.

Nadie ni nada es igual que ayer ni parecido a mañana.

Porque el tiempo pasado fue diferente y el futuro es incierto.

Lazos que se crean y lazos que se deshacen.

Lazos que se aflojan y lazos que se consolidan.

Lazos, lazos y más lazos que va creando el vivir de cada día.

No siempre ocurre lo que queremos.

No siempre conseguimos mantener los lazos que otros factores aflojan.

Pero influimos.

Influimos en nuestros actos, en nuestras decisiones y en cada palabra y paso que decimos o damos.

Somos nosotros y nuestras circunstancias de hoy.

Seremos nosotros y nuestras circunstancias de mañana.

Pero nunca dejaremos los lazos.

Los cruces de cuerda rasposa, los cruces de raso brillante o los cruces del lazo hecho con un simple hilo de coser.

Relaciones que desaparecieron, que perdurarán, que aparecerán de repente o que se esfumarán.

Tenemos que vivir con eso.

Con lo que somos por lo que fuimos y seremos.

Por buscar la felicidad en nosotros y regalarla a los demás.

Por intentar ser el mejor lazo para la mayor cantidad de personas posibles.

Se puede transmitir la felicidad. Se puede transmitir la paz y se puede transmitir la fuerza y la lucha.

Porque no me gusta rendirme y no quiero gente a mi lado que se rinda.

Porque todos tenemos lazos de sobra para compartir.


No perdamos nunca la oportunidad. 



viernes, 5 de julio de 2013

Errores - Personas


  • Hola.
  • ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Pensaba que te habías cansado de mi.
  • ¡Que va! Ojalá todo fuera como hace unos meses, me ayudaste mucho.
  • Me gustaba hablar contigo. ¿Por qué desapareciste de repente?
  • No te vas a creer lo que te voy a contar pero creo que después de todo lo que te has preocupado por mi, tus consejos, tus conversaciones y tu interés te mereces una explicación.
  • Si has conocido a alguien lo entiendo.
  • No, no, no tiene nada que ver con eso.
  • ¿Entonces?
  • Soy padre.
  • ¿¿Qué??
  • Lo que oyes. Me enteré hace tres días que tengo una hija de dos años.
  • Pero... ¡eso es imposible!
  • Eso pensaba yo. Pero la niña es clavadita a mi.
  • Pero... ¿cómo?... ¡cuéntame desde el principio!

Cuando empezó a contarme la historia me parecía todo tan surrealista que pensaba que me estaba gastando una broma.

No me conoces en persona, pero te he hablado mucho de mi. Sabes que me gustan las mujeres, que no tengo mucho tiempo para disfrutar de ellas y que me cuesta poco ligar.

Hace dos años empecé a trabajar para una de las empresas financieras más importantes de Barcelona. Tenía 22 años y creía (y ya sabes que sigo creyéndolo) que iba a comerme el mundo.

Ya te dije que pasaba de prostitutas, muchos de mis compañeros tienen hasta días fijos para desahogarse y pegar polvos pero yo, con mi edad y mi carácter, prefiero seducir a mi presa para que me proporcione una noche de placer.
Salí con unos amigos de la pandilla de siempre, me apetecía aparentar una vida normal de vaqueros, camiseta y zapatillas de un chico de mi edad.

Ligué con una chica menuda, rubita, y delgada que me follé en los baños de la discoteca.

No nos dimos los teléfonos, simplemente nos dijimos los nombres y un poco de nosotros y a la mañana siguiente ya ni me acordaba de ella.

Llámame superficial. Pero así fue.
Nunca más supe nada de ella hasta hace tres días.
 
 

Llamaron a la puerta de casa de mis padres. Miré por el ojo de pez. Era una chica con una niña pequeña en brazos. Abrí pensando que sería alguna vecina pesada pidiendo sal.
Me saludó con mi nombre.
  • ¿No te acuerdas de mi?

Le dije que no.
  • Tengo algo muy importante que contarte. Esta es tu hija Sara.
De piedra, blanco, y atónito me quedé al oír sus palabras. Pensé que era una broma de mal gusto pero la vi tan segura, seria y decidida a entrar que sin saber qué responder le dije que pasara.
Mis padres estaban en el salón leyendo.

La chica se sentó y empezó a hablar y contar su historia. La niña, nos miraba como si no fuera con ella.
 
 
 

Conocí a vuestro hijo una noche hace dos años. Estuvimos saliendo una temporada (me alegré que al menos la chica no les contara a mis padres que me la follé en los baños sucios de una discoteca)

y de repente desapareció.

No era nada serio así que tampoco lo pasé muy mal por dejar de quedar con él, pero a los meses empecé a sentirme mal, a tener vómitos, mareos y dejar de bajarme la menstruación.

Mi madre se asustó y me hizo hacerme un test de maternidad.


POSITIVO.


Me volví loca, mis padres me castigaron sin salir durante todo el embarazo y me obligaron a tenerlo. Son creyentes y no aceptaban el aborto como una opción.
Y aquí está el resultado. Sara. Dos años recién cumplidos. Una niña muy lista que tiene ganas de conocer a su papá.
Estaba totalmente desconcertado. Mis padres no generaron palabra alguna. Todo esto nos superaba. Yo acababa de llegar de Nueva York, había estado allí casi dos años terminando un máster en la universidad de Columbia y lo que menos me esperaba era ser papá.
  • No te lo he dicho antes porque no te podía localizar, solo sabía tu nombre y un poco por encima tu trabajo. Sin facebook, sin redes sociales... ¡no sabía como contactar contigo! Finalmente gracias a las páginas amarillas recordando un día por casualidad el barrio dónde me dijiste que vivías dí con el apellido de tu padre y preguntando pude encontrarte.
  • Quiero una prueba de paternidad.
  • Claro, sabía que me lo pedirías, pero no vendría aquí así, sin estar segura de que eres su padre.

La semana que viene tengo las analíticas pero la niña era igual que yo.



  • Bufff que fuerte, ¿y que dijeron tus padres?
  • No sabían que decir, ahora que han pasado unos días están encantados. Los dos prejubilados ya tienen distracción.
  • Pero ¡es una locura! ¿No te pusiste condón?
  • Pues... no me acuerdo, normalmente lo uso pero yo que sé, no sería la primera vez que la marcha atrás me sirve como anticonceptivo.
  • Estás loco...
  • No me machaques más. Me acabo de enterar que tengo descendencia. Una niña de dos años que me mira como si nada y que a partir de ahora va a ser mi hija y no tengo ni idea de como reaccionar. No me gustan los niños.
  • Esperemos a las analíticas. No quiero perder el contacto contigo. Esto lo cambia todo pero aún así me importas y quiero que me vayas contando como van sucediendo las cosas.
  • Muchas gracias, aun estoy en estado de shock. La semana que viene sabré los resultados. Ya te contaré.
  • Vale, tu tranquilizate, hasta que no lo sepas seguro no hay nada cierto. Entro a clase.
  • Muchas gracias por escucharme.
  • A ti por contármelo.


                        …...

Resultado del test de paternidad: POSITIVO.





 

miércoles, 26 de junio de 2013

Personas - Errores


La vida puede cambiarte en un instante.


Me encanta conocer a las personas. Y no digo por conocer tener una amistad para toda la vida. Digo conocer a escuchar los relatos de sus vidas, a comprender sus problemas, a celebrar sus logros, a aprender de sus vivencias... a eso le digo conocer a alguien.
A finales del año pasado, por casualidad, como todo lo que suele ocurrir en esta vida, conocí a un chico.
Moreno, guapo, fuerte, y con una conversación que me dejó eclipsada.
No acostumbro a asombrarme por nadie, y menos por un chico de 24 años. Pero tenia algo especial. Algo que me intrigaba más allá de su historia y de su vida ya de por sí fascinante.

Nos vinimos bien. Creo que también le gustó mi aportación a la conversación y eso se notó con la dedicación de horas personales a darle al teléfono y a la comunicación escrita instantánea.

Me gustaba. Me gustaba desde el primer día que hablamos.

Solo le había visto en foto y la verdad, físicamente me atraía.

Tenía ganas de conocerle. Yo soy así. Tengo ganas y lo hago. Sin pensar demasiado.

A Barcelona. Un ratito de Euromed.
Financiero, a tope de trabajo. Imposible tenerlo 24 horas para mí.
¿Se puede vivir la veintena con un trabajo que no te permite ni pasar un fin de semana con una chica?
Para conseguir el éxito hay que sacrificarlo todo, me decía.


¿TODO?


Nunca le conocí. Sigo en contacto con él, me gusta saber de su vida y sus logros pese a no haberle tocado nunca pero los errores se pagan caros.

Sé que se arrepiente de no haber quedado conmigo.
Cada situación y cada vivencia tiene su momento y su lugar.

Desapareció del mapa por algún tiempo. De repente, un día, me llamó y me saludó como si solo hiciera unas horas que no hablábamos.

La increíble historia que me contó era suficiente para perdonarle su ausencia.

La vida puede cambiarte en un instante.

Hay errores que nos acompañarán siempre.