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viernes, 15 de mayo de 2026

15 años sin Pedro San Martín

Hola Pedro, 

15 años ya. 

Una locura. 

Tengo ahora la edad con la que me dejaste.  

En la mitad de tu vida, en la juventud de la mía. 

Ibas a cumplir 40 y yo los hago la semana que viene. 

Qué injusto es el destino cuando decide que dejas de existir. 

Qué complicado es el proceso para las personas que asumimos en el mundo nuestra vida sin ti. 

Pero hace más de una década tu camino terminó en seco y el mío cogió la bifurcación que el destino sigue organizando a su conveniencia. 

Porque mi vida debe ser caso de estudio integral, (que dice mi amiga Vero) ya que por mucho que persiga la paz, el sosiego y la calma siempre vienen acontecimientos que la desestabilizan. 

Hace un año no dejé de olerte porque sí. El bote de perfume que sigo guardando ya no tiene (ni tendrá) ningún valor para mí.  

La búsqueda incesante de la causa de mi falta de olfato resultó ser un tumor cerebral creciendo alrededor del nervio olfativo. 

Una pelota de ping-pong metida en el cerebro que me estaba creando hematomas y me mató mi sentido más primario. 

Hace dos meses se extirpó el 90% por ciento del bolardo y sigo recuperándome de la craneotomía. 

Doy gracias de que el proceso está yendo genial y no noto secuelas por las que preocuparme. 

Pero la vida sigue ocupándome y, justo ayer me hicieron una PAAF (Punción Aspiración con Aguja Fina) para vaciar un bulto con más de 8 ml de líquido blanquecino que se analizará para saber sus características. De momento no tengo diagnóstico, aunque no parece nada malo. 

Y de baja, con una huelga educativa histórica que mantiene a Jorge ocupado. (Ya llevamos una semana de parada y de verdad, espero que se llegue a un acuerdo pronto por el bien del alumnado y de la economía de los docentes). 

Este año empieza la década de las sillas. 

La semana que viene empiezo a vivir unos años que por desgracia ya no pudiste experimentar. 

Entrar en los 40 es como pasar a un nuevo umbral de vida. De hecho, estaré a mitad de mi trayectoria laboral de la que cada día me siento más orgullosa y llena pese a todas las deficiencias que suplimos con nuestro tiempo, nuestro esfuerzo y nuestro bolsillo. 

La semana pasada nos concedieron el premio “Enseñamos a leer 2026” a la biblioteca escolar que coordino desde hace 12 años. 

Ya sabes de mi pasión por la lectura y mi obsesión por contar. Este proyecto me ha permitido hacer de él mi trabajo en el aula, y transmitir la importancia de vivir rodeados de libros a toda la comunidad educativa. 

En Donosti como en cualquier lugar. Con separaciones y uniones. 

Borja se ha casado y es feliz. 

¿Te acuerdas cuando decíamos que viviríamos los tres juntos? No sé si él lo veía muy claro, aunque lo que sí que sé es que lo pasamos muy bien y que seguro que te echa de menos tanto o más que yo. 

También a él me gustaría tenerle más cerca. 

Y, aunque sabes que es de pocas palabras, su mujer sigue haciendo que no se pierda la conexión pese a la distancia y los años. 

Aunque sea para compartir música o libros. O para filosofar de la vida con audios interminables (lo de los audios no lo has conocido, pero es mucho mejor que llamar por teléfono. Los grabas y escuchas cuando puedes y quedan monólogos dignos de recopilatorio). 

También ha habido separaciones y los hijos se han ido haciendo mayores... 

Todo lo que ocurre mientras la vida pasa en cualquier lugar del mundo (y del universo).  

Mis abuelos me han dejado con pocos meses de diferencia y he sabido por las redes que tu familia ha aumentado. 

Hay fallecimientos que son ley de vida y solo puedes dar gracias por los momentos que compartiste con ellos y otros como el tuyo que truncan, rompen y agrietan el corazón en pedazos. 

Y sí, te sigo recordando con cariño, con amor y con nostalgia a aquellos años en los que el cuerpo aguantaba todo, los viajes eran encadenados y las preocupaciones eran buscar el mejor precio para programar nuestros encuentros con un ValenciaBilbao pagado con puntos de Iberia plus. 

Todo son etapas y la que pasé contigo fue preciosa. 

Todo se idolatra con los años y solo recordamos aquello que nuestro cerebro, a su manera, quiere guardar. 

Y yo, que soy de olvidar lo malo e incluso, de darle la vuelta para sacar algo positivo de cualquier cosa que haya podido sentir, vivir o pensar, solo quiero terminar esta carta con un pensamiento que me vino a la cabeza hace un mes. 

Hace 20 años de VIDANEA vuestro último disco de La buena Vida al completo. 

Te conocí en la gira de ese disco, en el “Tornillo” un pub del Cedro después de vuestro concierto en Valencia. 

La mitad de mi vida tiene tu recuerdo. 

“La mitad de nuestras vidas” será la banda sonora de estas palabras. 

Y como me dijiste esa noche en la que solo te saludé y cámara en mano inmortalizamos el momento. 

<<Escríbeme, yo también lo haré>>.  

Y ahí empezó algo que nunca dejaré de hacer. 

 

Un abrazo grande al universo, a la energía y a esas partículas elementales que espero que sigan recorriendo el mundo con la vitalidad y el entusiasmo que lo hicieron durante casi cuatro décadas de VIVIR. 

 

Hasta el año que viene Pedro.  

Siempre en mi corazón. 






martes, 14 de mayo de 2024

13 años sin Pedro San Martín

 Hola Pedro. 

¿Cómo va por el universo? 

En la tierra, un año más, todas las personas que te conocimos recordamos que te fuiste a la francesa y nos quedamos sin poder seguir compartiendo la vida contigo. 

Qué difícil de entender es la muerte cuando queda tanta vida por delante. 

Qué difícil de llevar es la ausencia cuando todo estaba por hacer y todo hubiera sido posible. 

Hace trece años de aquel quince de mayo que cambió el curso de mi vida (y el de muchas otras personas) y cada vez el mundo gira más deprisa. 

Como cada año, releo la carta anterior y pienso en todo lo sucedido estos 365 días sumados a tu partida y a mi experiencia. 

Me ha pasado volando. 

Este año de alegría sin quimioterapia, sin confinamiento, con dos niñas en el colegio y un trabajo que cada día es más demandante y absorbente ha pasado como un torbellino de actividades, vivencias y aprendizajes. 

Vamos muy rápido Pedro. 

Nada que ver al ritmo que compartíamos. Y eso que, a eventos, no nos ganaba nadie. 

La tecnología nos ayuda, pero también nos esclaviza.  

Estamos aprendiendo a gestionarla y a gestionar nuestras necesidades y prioridades entre el mundo real y virtual. Entre la realidad y la ficción de la red. 

Pero no hay manual de instrucciones. 

Tampoco para la maternidad y la paternidad. 

Y menos paras las dos situaciones a la par. 

Y como en todas las nuevas experiencias, el mundo avanza entre el ensayo, el acierto y el error. 


AMA sacó disco en la primavera del año pasado y AMATEUR lo ha hecho este año con Mushroom Pillow. 

No hace falta que te cuente mucho porque sé que ellos lo harán constantemente. Hay demasiadas cosas vividas (tantas que desconozco la mayoría) y mientras sigan creando canciones, estarás presente en ellas. 

Muchas veces pienso en cómo me marcaste en esos 5 años que compartimos juntos. En la relatividad del tiempo y las palabras del bioquímico Carlos López Otín: El tiempo emocional, que nada tiene que ver con el real. 

Aprendí tanto junto a ti que pasan los años y sigue habiendo cosas que me hacen volver atrás. Te lo he contado muchas veces, pero sigo utilizando tu cartera y oliendo tu perfume (casualidades de tus gustos, todo de Paul Smith), sigo teniendo todos tus discos en el rinconcito musical de la casa (con spotify cada vez el formato físico lo utilizamos menos) y los libros de Houellebecq, Hesse o Sempé. 

Me gustaría que, aunque pasen los años, aunque se me rompa tu cartera, se termine tu perfume o las vivencias vayan difuminando los recuerdos, estas conversaciones que tenemos a solas, con la luz de una pantalla por testigo, no se desdibujen nunca. 

Las señales que me has mandado todos estos años han calado gota a gota en mis recuerdos esenciales. 

Estoy viviendo esos últimos años que viviste con mi edad. Te recuerdo vital, incansable, con las ideas claras y al mismo tiempo con una vulnerabilidad y una necesidad insaciable de ser amado. 

Leía una entrevista que le hacían a Jesús Terrés en Gatrópolis a raíz de su última novela “Buscaba la belleza” y me quedo con la frase que abre el libro: 


“Nunca sabremos cómo serían nuestras vidas si las cosas no hubiesen sido como son”. 


Y así es. 

Solo me queda recordarte. Al igual que espero que, entre todas tus partículas que han vuelto al universo y todas las ideas que creaste y que dejaste por utilizar, siempre recuerdes a aquella chica que apareció en tu mundo para quedarse, pero el destino hizo que la historia nunca pudiera continuar. 


Un abrazo grande Pedro. 


Siempre te recordaré como un ser especial. 


 



 


 

lunes, 15 de mayo de 2023

12 años sin Pedro San Martín

 Feliz inicio de semana Pedro.


Hace 12 años que dejamos de vernos y cada año que pasa, de alguna manera u otra, te siento presente.


Y sí, puede que sea mi subconsciente, mi corazón o la casualidad encontrada a la confluencia de nuestras diferentes dimensiones.


Pero hace justo una semana que mi hija Abril terminó el tratamiento oncológico contra la leucemia que empezó un 27 de enero de 2021.


Con 5 años tiene más resiliencia vivida que muchas personas que ya han pasado la mayoría de edad.


Espero que en esto no se parezca a la madre y las montañas rusas que le queden por vivir, sean altibajos banales a los que las personas damos importancia cuando lo verdaderamente importante está en orden.


Escucho “La buena vida” mientras te escribo. 


En septiembre se lio una buena al subirse casi toda vuestra discografía a la plataforma “Spotify” (plataforma musical en streaming).

De repente, todas las canciones que grabasteis con Siesta se hicieron públicas.

Fue una alegría que duró muy poco.

Un bot ruso sin autorización, hizo aparecer, crear la polémica y desaparecer, en unos días de diferencia, vuestras canciones del streaming actual.


Ya ves, hasta los rusos andan metidos en vuestra trayectoria infinita. 


En marzo, el universo me regaló una de las escapadas que más anhelaba.

Durante 3 días se iba a celebrar un congreso nacional de direcciones de escuelas públicas en Donosti.


Y decidí arrepentirme (que no lo hice) de lo hecho y volar.


Jorge se quedó con las niñas (bendita suerte la mía de compartir mi vida con él y sobrellevar las mareas y tormentas y disfrutar de las alegrías y risas juntos) y yo volví a San Sebastián y me sentí absorbida por los recuerdos, la cuadrilla y la ciudad.


Días de una intensidad brutal de sentimientos, recuerdos, reencuentros y aprendizaje.


Por una parte, conversar con personas en el ámbito laboral que apoyaron y acompañaron la reivindicación legislativa para que la interpretación de los permisos docentes se hicieran más reales y consiguieras modificar una praxis incorrecta para los docentes valencianos con hijos con cáncer.


Hay muchas personas con ganas de que nuestra educación pública sea un referente de calidad y acompañamiento emocional.

Pero hace falta inversión, gestión y red de trabajo común.


Por otra parte, volver a recorrer la bahía con el viento de cara y mirar el mar mientras el débil chirimiri me encrespaba el pelo.

Sentarme en un banco de la concha a primera hora de la mañana.


Volver al centro comercial San Martín, comprar libros en la FNAC y hablar con un señor mayor (con su periódico y su pan bajo el brazo), del tiempo, de la familia y de la vida en general.


Sentirme como hace más de una década mientras paseaba por el centro mientras tú ibas a trabajar.


Con unos días preciosos de sol, nubes grises y ese final de día evocador que regala la ciudad cuando las mareas van bailando al son del efecto lunar.


Pero lo que más feliz me hizo es quedarme en la nueva casa de Borja. Conocer a Berta y volver a compartir una noche con la cuadrilla que pudo unirse a la llamada de mi fugaz visita fue como volver más de una década atrás.


Quedaron muchas personas por abrazar y otras muchas a las que espero que no vuelvan a pasar tantos años para volver a compartir lugar.


Pero qué complicado es (aunque no debería) encontrar el momento de volver y volar.


Dejar de ser madre (por primera vez durante 3 días) y volver a ser la chica que vivió en San Sebastián junto a personas que me enseñaron placeres de la vida con los que siempre convivir.


Porque era como si nada hubiese cambiado de esas escapadas que hice un año después de perderte.


Porque no quería perder también Donosti. Y me aferraba a la ciudad y a las personas. 


Y se estaba desvaneciendo.


Y las partículas volvieron a aflorar.


Volver a abrazar a Borja, verle feliz, hablar de música, de libros, de tonterías y recordarte con la sencillez que lo hacen aquellos que no importa el tiempo que haya pasado sin mirarse a los ojos porque estamos impregnados de ti.


Me hizo mucho bien volver a ese espacio para darme cuenta de que sigues en mi esencia. Que mi vida ha cambiado tanto que poco queda de aquella chica veinteañera que se enamoró locamente de un treintañero bon vivant que le hizo descubrir el mundo, los placeres, los viajes express y los backstages de los festivales de España en general.


Y no quiero perderlo.


Cada año la experiencia de las situaciones vividas nos transforman, nos hacen replantearnos nuestras convicciones, nos invitan a mirar hacia adentro y van surgiendo nuevas dudas y comportamientos que realizamos buscando la estabilidad mental y emocional.


Pero aquí seguimos, tú mandando señales y yo compartiendo mis neuras y vivencias contigo y con el mundo.


Porque sigues existiendo en miles de corazones y pensamientos.


Para muchas personas, el 15 de mayo aparte de ser el día de la familia, la esclerosis tuberosa y San Isidro el patrón de Madrid, también es el día de recordar los momentos vividos contigo, los conciertos y canciones de La Buena Vida y tus inagotables ganas de vivir que se apagaron hace 12 años en una carretera nacional.


Espero volverte a escribir y contarte que mis hijas conocieron nuestra ciudad, que volvimos a coincidir en el universo en el cruce mágico de las coincidencias de la casualidad y de que, venga lo que venga y pase lo que pase, cada recuerdo del día que el destino nos hizo separarnos será un día tan normal como especial.


Por ti por siempre,

de corazón.

“Vapor de carga” - Hallelujah! - La Buena Vida





domingo, 15 de mayo de 2022

11 años sin Pedro San Martín

 Domingo por la mañana.

El olor a sofrito de paella valenciana, el calor y el sol que empiezan a posicionarse con fuerza.

Todo es cíclico pero nada permanece.

Hace once años me hundía en un pozo negro en el que dejé de sentir mi cuerpo para centrarme en la pena y el dolor de escuchar la noticia de haberte perdido.

Físicamente.

Porque hoy, más de una década después, sigues aquí.

En las palabras, en mis recuerdos y en los de mucha gente que sigue recordando todas sus vivencias y sentimientos que creasteis juntos.

 


Hola Pedro,

Creo que ha sido el año más extraño desde que te fuiste.

Parece que fue ayer cuando te escribí y ya han pasado 365 días en los que he escrito al mundo casi a diario los dramas, alegrías y sentimientos de una vida que, como cualquier otra, es una montaña rusa de vivencias.

Ha pasado tanto y tan poco al mismo tiempo que me cuesta cambiar algo de lo que te dije en la anterior carta.

Ayer la releía y pensé en lo afortunada que soy de poderte contar tanto en tan poco espacio. De poderte abrir mi corazón y mis pensamientos sin esperar respuesta más allá de mis entrañas.

Y sí, el parque de atracciones de nuestra vida continúa en la categoría Premium.

Seguimos viviendo en torno a un tratamiento.

Un tratamiento que ya cursa la última y más larga fase del proceso y que, en estos momentos, avanza acompañado de una rotura de tibia que nos lo ha complicado un poquito más si cabe la existencia.

Paciencia, amor y empatía.

Abril, pese a tener unas cartas malísimas, las ha sabido jugar con maestría y es una niña admirable en muchos aspectos de la vida.

Con cuatro años ha vivido tanto y tan intenso que su existencia siempre estará marcada por su partida maestra contra la leucemia.

Su partida, la nuestra y la de todas las personas que viven de cerca su juego.


Ayer se corrió la primera carrera del GR36 que separa Montanejos de Villavieja (localidad donde el patrón es San Sebastián).

En ella Pedro, el mejor amigo de Jorge y padrino de Abril, decidió crear un reto en el que se proponía recorrer sus 64 kilómetros en 8 horas y recaudar al menos 1000 euros para la investigación contra el cáncer.

La repercusión que está teniendo a nivel autonómico y local no nos la esperábamos nadie. Radio, televisión, prensa, redes y una recaudación que seguirá activa unas semanas y que ya supera casi el doble lo esperado.

Y a mí, cuando se acerca el ecuador de mayo, todo me recuerda a ti.

Los santos, los nombres, las fechas, las pequeñas coincidencias…

El día de la familia.


Todo me recuerda que sigues ahí, con tus sutiles señales, con tus recuerdos materiales que aparecen de vez en cuando por casa; como tu perfume (qué potentes son los olores), tus libros, nuestra música…

Mensajes de tus familiares, de tus amigos y amigas donostiarras, de los conocidos y conocidas del indie, de los fans de La Buena Vida que esperan con ansias que vuestra música no se quede en el olvido y que las pequeñas grandes joyas que son vuestras canciones acompañen a nuevas generaciones en sus particulares parques de atracciones de la mente y el alma.

Las redes nos siguen acercando igual que un día nos acercaron a nosotros dos.

Al mismo tiempo, han llegado a un nivel de exigencia, de rentabilidad, de manipulación y de postureo vivencial que debemos aprender a gestionarnos y acompañar en la gestión a las generaciones que avanzarán y crecerán en un entorno altamente digital.

 

Porque seguimos siendo esencia de contacto, porque el no poder tocar hace imprescindible el soñar, porque el no ser tangible hace muy difícil el recuerdo.

Pero no podemos cambiar el pasado ni vivir con miedo al presente ni al futuro.

Disfrutemos del viaje. Estemos donde estemos y seamos lo que seamos.

Cuerpo, luz, pensamiento o palabra.

 

Gracias por ser mi primera revolución emocional, Pedro.

 

Un año más lejos pero con la seguridad vivida de que mi camino siempre tendrá un trozo del tuyo entrelazado hasta la eternidad.


Por siempre y para siempre.

La flor que enseñaste a amar.






sábado, 15 de mayo de 2021

Una década sin Pedro San Martín.

Hola Pedro,

Releo la carta que te envié el año pasado y parece que se empieza a ver la luz en esta pandemia mundial que empezamos hace más de un año.

Lo que pasa es que la raza humana no aprendemos.

Nos cuesta parar y escuchar al planeta.

Y nos está diciendo a gritos que bajemos el ritmo.

De nuestras vidas, de la contaminación, de la mal entendida “libertad” de muchos…

Hace medio año me hubiera centrado en la humanidad para intentar aportar de manera global, para reflexionar sobre una sociedad en constante cambio, para explicarte que estamos viviendo más sobre la marcha que nunca.

Pero no.

Voy a hablarte de mí.

De mi familia.

De mis sentimientos.

De cómo un 25 de enero escuchas la palabra LEUCEMIA y todo se paraliza.

Porque es el diagnóstico tu hija.

Porque con dos años y medio va a vivir lo que otros muchos, ojalá, no viviremos jamás:

El camino de erradicar uno de los cánceres con el tratamiento más largo que existe.

Y en ese camino estamos.

En el de acompañar a Abril en su nueva realidad durante los próximos dos años y en traer al mundo y cuidar a la pequeña Arlet que se unió a la familia el 27 de febrero.

No te voy a decir que está siendo fácil.

Pero te digo sinceramente que está siendo menos complicado de lo que yo pensaba.

Mi diario personal que comparto con el mundo (ya sabes que siempre he sido muy exhibicionista, literariamente y fotográficamente hablando) hace que ordene los acontecimientos, los pensamientos y las reflexiones de mi cabeza y de mi corazón.

Porque no siempre van de la mano.

Pero solo las palabras pueden hacer que se lleguen a entender.

¿Sabes Pedro?

Gracias a la leucemia he dejado muchos miedos atrás de la maternidad y de la vida.

Me he dado cuenta de que los límites y los frenos los pone nuestra mente y que no vale la pena preocuparse de aquello que no puedes cambiar.

Peor hay muchas cosas que sí que podemos modificar.

Hay muchas cosas que sí que podemos decidir.

Y en eso, ahora estoy haciendo el máster de la carrera que viví hace diez años con mi padre y contigo.

Porque parece mentira que haya pasado una década sin verte.

Parece que fue ayer cuando me descubriste el mundo.

Pero ya han pasado diez años y nada es como era entonces.

Ya no soy esa veinteañera que se enfrentó a la muerte por partida doble.

A veces te recuerdo y sonrío.

Tan intenso, tan frenético, tan imparable…

Y ahora… ¿Cómo seríamos ahora?

Ahora somos invencibles.

Porque la fuerza mental que me aportaste y las experiencias vitales que me hiciste vivir, me enseñaron a soltar, a compartir y a canalizar los sentimientos para ser y estar mejor.

Cuando se rompe el hechizo de un cuento de hadas a los 25, remontas.

Vuelves a escribir otro.

Más tranquilo, más pausado, más familiar…

De repente, a los 35 años, mientras en la trama está a punto de nacer otra nueva princesita, aparece un hada malvada que invade tu casa, tus rutinas, tus planes, tus expectativas y hechiza a tu hija mayor…

Solo te queda una opción.

Seguir escribiendo.

Y esta vez no lo hago sola.

Lo hago con dos niñas maravillosas.

Una emocionada de la vida, imparable, incansable, insaciable, amante de la música, de los cuentos, de la escucha activa y del cole.

Abril.

Una bebé bendita, tranquila, pausada, que se duerme solita, que ha descubierto su dedo pulgar, que sonríe, que da paz, que vino para hacerme ver que no hay dos maternidades iguales.

Arlet.

Y un compañero de vida.

Un príncipe.

Divertido, creativo, pasional. Que igual te prepara una paella que te domotiza la casa. Cabezota. Inquieto. Trabajador. Que se está sacando el máster en enfermería y terminando los créditos que le quedaron de psicopedagogía infantil.

Jorge.

 

Porque está viviendo todos los ingresos, todos los hospitales de día, todas las quimios, las punciones, los aspirados, las ecografías, los jarabes, las tensiones, las tiritas de los pipis, las transfusiones… Sin perder ni una pizca de su esencia.

 

Y seguir juntos en la distancia es lo más complicado de todo esto.

 

En la salud y en la enfermedad.

 

Qué fácil es de decir.

 

Porque el tratamiento de Abril es la inmunodepresión de los dos.

Es la preocupación conjunta de compartir una experiencia vital transformadora.

Es la dificultad de crecer juntos viviendo realidades diferentes.

Es aprender a ayudarnos sin vernos, a escucharnos sin tocarnos y a aguantarnos sin rencores.

 

Nunca antes habíamos estado tan lejos el uno del otro y al mismo tiempo tan cerca en objetivos.

Nunca antes nos habíamos necesitado tanto y al mismo tiempo nos las estamos apañando solos.

Palabras y sentimientos reales.

Sinceridad y empatía.

No hay pócima mágica para romper el hechizo.

No hay besos de amor verdadero que nos hagan terminar el cuento en una semana.

 

Solo lo podemos escribir nosotros.

Los 4 que formamos esta familia.

Con nuestras vivencias.

Con nuestro pasado.

Si de algo estoy segura en estos diez años de aprendizaje y transformación sin estar a tu lado, es que nunca desaparecerás.

Siempre hay un recuerdo, una persona, un comentario, un objeto, un lugar… Que me recuerda que sigues ahí.

Que físicamente no estás viviendo con nosotros. Con todos los que te llevamos dentro. Pero que tus partículas elementales (uno de tus libros preferidos) siguen nutriendo cada una de nuestras células.

Cuídanos Pedro.

Sabes que yo aquí abajo voy avanzando con todo lo que se ponga por delante.

Que soy feliz.

Que me siento agradecida por, pese a que suene una locura, todo lo que nos está tocando vivir y todo lo que nos está haciendo crecer.

Y lo único que te pido es que no nos dejes.

No dejes que te olvide nunca.

No dejes de enviarme señales en mi día a día de lo que hace diez años fui contigo.

Porque ya sabes que me encantan los cuentos.

Y aunque el nuestro tuvo que terminar inesperadamente,

El mío necesita de nuestra esencia para escribir un final feliz.

 

Por otras décadas más de correspondencia universal.

 

Gracias por ayudarme a vivir Pedro.

 

Siempre te querré.

 

Rosa.