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miércoles, 15 de mayo de 2019

8 años sin Pedro San Martín


Hola Pedro,
Hola mundo.

Hace 8 años que desapareciste de mi vida y yo sigo contándote todo lo que me pasa por la cabeza cada 15 de mayo.

No preparo nada. Simplemente me siento y escribo. No creo que alguien a quién he querido tanto precise de preparativos para poder tener una buena conversación.

El año pasado te escribí inmersa en una montaña rusa hormonal  con un bebé de 6 días en brazos, con grietas en los pezones y sobreviviendo a una temporada de postparto que me tuvo desubicada durante una buena temporada.

Ya nada es igual.

Una nueva persona ha entrado en mi vida para cambiarla radicalmente.

Aún recuerdo las cenas con Jorge y Maider y los ratos en los que a ella le tocaba irse a la habitación a dormir a la niña.

Ahora soy yo la que hago las rutinas de sueño y aprovecho los momentos de soledad en casa para descansar.

Hubieras sido también buen padre pero la suma de obligaciones y los cambios de rutinas te habrían costado.

O no.

8 años sin verte dan para muchos cambios.

¿Cómo sería? ¿Dónde viviríamos?

Tampoco importa.

Estás. De diferente manera, pero estás.

No le podemos dar muchas vueltas a aquello que no fue pero sí podemos recordar con cariño y con una sonrisa todo lo que vivimos juntos.

Las horas que nos pasamos conociéndonos vía correos electrónicos y llamadas telefónicas, todos los aviones que cogimos, todos  los hoteles en los que nos hospedamos, los kilómetros y kilómetros que hicimos para vernos pero sobretodo la sensación de paz y de tranquilidad que nos proporcionaba estar juntos.

Porque siempre me decías que estabas feliz, que habías encontrado una estabilidad que llevabas muchos años buscando, que tenías ganas de pensar nuevos retos, nuevos planes.

Que volverías a tocar, que daríais un nuevo golpe musical, que íbamos a montar un colegio con un sistema educativo diferente y que el dinero estaba para disfrutarlo a base de experiencias y momentos.

Y te esfumaste.

Porque los accidentes de tráfico tienen esas cosas.

No es como una enfermedad en la que vas haciéndote a la idea tú y los que te rodean, no es como una ruptura en la que sabes que aunque cojáis caminos diferentes puede que algún día de nuevo un cruce os vuelva a juntar, no.

Desapareces.

Desaparecen tus pensamientos,  tu cuerpo, tus tonterías, tu manera de ver el mundo, tus disertaciones, tus secretos, tus ilusiones, tu vida.

Y pasas a ser parte de mi recuerdo. De mi subconsciente, de mi carácter, de mi persona.

Pero se acabó. No habrá más. No habrá más canciones, no habrá más conversaciones, no habrá más caricias, no habrá más Pedro.

Por eso quiero guardarte, por eso quiero recordarte, por eso quiero que sigas estando conmigo pese a que todo avanza y cambia y me cambia y me resetea.

Porque pocas personas me enseñaron tanto como tú.

Porque si juntáramos a todos los que nos acordamos de ti cada 15 de mayo haríamos temblar las leyes de la física.

Porque dejaste huella en miles de personas.

Porque lo siguen haciendo tus canciones en personas que ya nunca podrán oírte.

Porque tengo una vida plena, con un compañero de vida al que quiero con locura, una hija que me ha hecho ver la grandiosidad de la vida y un trabajo que me apasiona.

Porque quiero que Abril sepa nuestra historia, porque quiero que el mundo sepa que todo se puede superar.

 Se puede seguir queriendo y amar a la vez, porque todo lo que hemos vivido no me lo quitará nadie, porque Pedro San Martín siempre será la persona que hizo que Rosa Martí descubriera el mundo con ojos de adulta y porque cuando leas esto, junto a tu padre, y pienses que fuiste un idiota por subir en ese coche aquella noche, sí, es cierto, lo fuiste. Fue la última y la peor decisión de tu vida.

Pero fue.

Y no se podrá cambiar jamás.


Espero que seas feliz, que en tu nueva dimensión hayas seguido disfrutando igual que lo hacías conmigo, que haya buena música, que te dejen preparar tus platitos y tus cócteles y que sigas visitando los recuerdos de todos los que te han querido tanto como yo.


No me olvides Pedro.

Yo no lo haré jamás.


Dulces besos,

Rosa.




martes, 15 de mayo de 2018

Siete años sin Pedro San Martín


Hola Pedro,

Todo ha cambiado tanto este último año… sobretodo estos últimos meses y más concretamente los días más próximos al “aniversario” anual de tu despedida.

Reviso la correspondencia del año pasado y veo y confirmo como puede voltearse la vida en un año, en un mes, en una semana, en un día o en un minuto.

A nosotros nos lo van a decir…

Después de 7 años de vivencias, estos últimos 9 meses han sido el cambio más grande a nivel físico y mental que había experimentado nunca.

Soy madre, Pedro.

Como me dijo ayer Borja por teléfono (oblígame a llamarle más, por favor, sabes que le tengo presente en muchas situaciones de mi día a día pero no lo materializo ni con mensajes ni con conversaciones) cuando tienes descendencia ya nunca vuelves a ser la misma. Eres tú. Pero también eres madre. Y lo eres para siempre.

Supongo que estarás al tanto de todo. Sigo creyendo de verdad, que igual que hoy en día podemos, gracias a las redes, saber de los demás sin tenerlos cerca, tú sigues cerca sin verte.

El nacimiento de Abril se programó para el 15 de mayo aunque la fecha término era el 6. Tu despedida. Su bienvenida.

Finalmente nació el día 9 en un parto natural sin epidural. Después de cenar un kebab con amigos, ver la semifinal de eurovisión (sí, ya sé que eurovisión… que me has dejado mucho más legado musical, pero en el fondo nos gustaban esos saraos ¿verdad? El faranduleo de la noche del que cada vez estoy más apartada pero del que guardo bonitos recuerdos y relaciones que aún hoy me alegra volverme a encontrar físicamente en algún evento o seguir sus cambios por internet) y pasar unas contracciones donde me reafirmé en mi alto umbral del dolor y un expulsivo eterno donde Abril quiso salir saludando mirando al cielo.

Si hubieras vivido la era de Instagram y whatsaap… jejeje esto sí que es conexión permanente las 24h…

Pero bueno, no tendríamos esos mails interminables que guardo con tanta ternura de toda nuestra relación. En el fondo la inmediatez deja poco espacio para la reflexión y de lo segundo nosotros teníamos mucho. Pero ni arreglamos el mundo en su día ni lo haremos ahora.

Nos exponemos porque en el fondo solo queremos notar que somos. Que estamos. Y que los que ya no estáis seguís existiendo gracias a ello.

La vida es muy bonita, Pedro. Incluso en momentos en los que cuesta encontrar  hechos o pensamientos positivos siempre, siempre, aparece algo, alguien, que te vuelve a hacer sonreír.

Hormonada hasta las cejas, con la subida de leche en pleno apogeo y mirándole la cara a Abril mientras toma pecho qué te voy a contar…

Sé que te afloró el instinto paternal estando juntos, aunque sabías que mi instinto maternal era inexistente y que puede que sea ahora, en dimensiones diferentes, cuando se hayan alineado todos los astros.

Toda la historia de los ciclos lunares que me ha llevado de cabeza en la gestación, junto con tu obsesión por la meteorología y el universo han decidido que un 15 de mayo, 7 años después, la inexistente luna nueva inunde nuestros pensamientos y nos recuerde que, como comentó hace unos días el hermano de Jorge, en 2018 mayo fue Abril.

Te quiero mucho Don Pin Pon. Mamá Rosy nunca te olvidará.

Existe eternamente.








lunes, 9 de abril de 2018

Familia y hogar. Semana 35


Semana intensa de vacaciones y eventos.
Paseos por la playa, visita a Jérica, reencuentros con compañeras de antiguos coles, ensayos de la orquesta, desfalco en Ikea  y el 82 cumpleaños de tu bisabuela.

Tengo los dedos como morcillas hinchadas. Los pies no se quedan cortos y los tobillos son inexistentes.

No puedo ni  tocar cómoda el violín.

No pensaba que podía cambiar tanto el proceso de embarazo pero este último mes intuyo que va a ser bastante duro.

La tripa está enorme, el baño es preciso tenerlo localizado y las noches se hacen incómodas porque no sabes si dormir hacia la derecha, la izquierda o boca arriba. Nada se acopla.

Te hemos comprado toda la habitación basada en la serie Stuva Följa de Ikea.

Lo malo… que toda la lentitud que estaba acumulándose en la obra ha llegado a explotar. Hemos tenido que dejar de trabajar con la empresa de albañilería que teníamos contratada y buscar otra que podrá entrar a trabajar dentro de dos semanas.

Pero tu tranquila, estamos preparados para tu llegada.



domingo, 18 de febrero de 2018

Familia y hogar. Semana 27

Todo bajo control. El azúcar me salió a nivel basal bastante más bajo que en el primer test (82) y el nivel glucémico a la hora, a las dos horas y a las tres horas en descenso correcto de 177,130 y 113, después de ingerir 100g de glucosa).

No debo tener nada en cuenta. Simplemente andar y llevar una dieta sana y equilibrada como la que ya llevo.

Nos hemos hecho la ecografía 4D. Sinceramente, no nos hacía demasiada ilusión, tampoco sabíamos exactamente cómo era, pero ahora, y después de ver que simplemente es apretar un botón de la ecografía y que depende de cómo estés colocada se ve peor o mejor, creo que no la volvería a hacer.

Son 90€ y, aunque el médico me dijo que tenías toda mi cara yo no veo parecido por ninguna parte…
Mamá ha engordado 8 kilos y tú pesas 1kg 69g y mides 39 cm.

La semana que viene empiezo las clases de preparación al parto en el centro Madre de Vila Real. Veremos en qué consisten… una compañera de trabajo me ha dejado una pelota de pilates que supongo que necesitaré para hacer algunos ejercicios.

Empezamos la semana con concierto de la orquesta sinfónica Vivaldi en Nules y la seguimos con todas las actividades escolares de carnaval, parece que las semanas intensas de trabajo no van a terminar nunca.

Este fin de semana hemos ido a comprarte algo de ropa básica para cuando nazcas. En primark hay básicos imprescindibles a un precio muy asequible.

De todas maneras supongo que en las clases con las matronas nos darán más información de todo lo que necesitas.


Respecto a la casa esta semana ya estamos poniendo el suelo. Al ser porcelánicos de 75X75 rectificados, hay que ir poco a poco para que queden bien puestos y a escuadra entre ellos pero creo que va a quedar genial.



domingo, 14 de mayo de 2017

Seis años sin Pedro San Martín

Hola Pedro,

Hace mucho que no escribo. Bueno escribir lo hago todos los días, pero ya me entiendes.

Escribo instancias al ayuntamiento, adjuntos de cartas, mails, convocatorias de claustros, de consejos escolares, corrijo redacciones, me vuelvo loca con los tags del instagram… pero hace mucho que no escribo aquí.

Hace mucho que no escribo “a ti”.

Y aunque rompa la regla y como cada 15 de mayo hablemos y nos contemos como nos ha ido, hay veces en las que por pereza, por trabajo, o incluso porque ambos sabemos que la regla de los seis meses existe, necesitamos un incentivo cada cierto tiempo para motivarnos a ponernos frente un papel en blanco y escribir.

Porque te pones y sale solo.

Ocurren tantas cosas en este mundo al que llamamos tierra…

No sé cómo andarás por tu zona celestial pero por aquí la vida no da para aburrimientos.

Es difícil recibir respuesta a mis cartas pero siempre fuiste demasiado creativo como para contestarme con un simple papel.

Sé que me escuchas y que me lees, que me ves y me acompañas. Incluso este verano como ya te conté en una de mis entradas del blog (que espero que leas ya que aunque estés muy ocupado no te quitará mucho tiempo porque actualizo muy poco) me di cuenta de que estabas ahí y me cuidabas.

Se me eriza la piel escribiendo esto. Cada vez estás más lejos y cada día que pasa nuestras vidas se van separando más y más.

Pero no dejo de recordar tu olor, tus tonterías y todo lo que dejaste dentro de mí.

Como podrás imaginar siempre te escribo a última hora. Hay cosas que nunca cambian y el escribir bajo la presión del tiempo sigue siendo un clásico en mi vida.

Hoy hace seis años.

Seis años en los que he cambiado 4 veces de colegio, me han quitado la vesícula, me he casado, he llegado a los treinta, he viajado dos veces a Asia y he terminado dirigiendo un colegio.

Te hubiera encantado diseñarme los excels de la contabilidad del centro…  pero de esto te hablaré el mes que viene con la carta a mi padre que seguro, va a alucinar con el tema.

Hoy me gustaría hablarte de algo que lleva tiempo creciendo. Algo que sé que te va a emocionar. Algo de lo que en verdad no formo parte pero me siento dentro, muy dentro del proyecto.

Ha nacido Amateur.

Todas esas horas de debate, todas las dudas que me contabas por mail, todas esas conversaciones por teléfono, todas las sobremesas sobre las horas de ensayo de esos últimos meses, la última gira, los viajes por países pequeños, los años bisisestos… todo eso terminó.

Todo se paró.

Demasiado rápido. Demasiado increíble para entender que no estabas.

Pero ya.

Hemos hablado muchas veces de resurgir, de reinventarse, de crear… Y somos así. Nuestra cabeza no deja de pensar y pensar… Y el paso de los días, de los meses, de los años, nos dejan darnos cuenta de que el momento siempre está.

Y es ahora.

Tu golpe.

Lo que siempre habías dicho. Lo que tu cabecita atolondrada a la vez que metódica nos dijo que vendría.

Y será.

Y estoy feliz.

Estoy feliz de ver que todo a tu alrededor avanza. Que tus amigos que crearon contigo, vuelven a la carga. Que nuestro querido mánager resurge fuerte y con ganas para apoyarles. Que la pareja que me descubrió el aceite “moroccanoil” para el pelo está en el ajo y que tú, desde arriba estás gestionando el cotarro.

Como te gusta…

Va a ser grande, nada de tonterías. Una buena discográfica y canciones que en breve escuchará el mundo y cantará.

Y cantaremos.

Porque la música te eriza el vello. Porque las letras te evocan momentos y porque los acordes te transportan a situaciones vividas que solo se comprenden llevándolas al interior de cada uno.

Al interior donde sigues tú.

En el mundo donde ya no estás.


Muchos besos dulces Pedro. Sigue conmigo. Sigue leyéndome y sigue formando parte de mí.
Porque no quiero que te vayas ni que me abandones. Porque quiero seguir golpeando a ritmo de blues mientras me miras y me empujas a crecer.

Con una gran sonrisa,



Tu Little Rosy.




miércoles, 18 de septiembre de 2013

El recital de violín


Las notas penetraban en mis oídos como espadas afiladas.


Volver a oírle tocar el violín estaba siendo más duro de lo esperado.


Los agudos chirriaban en mi cerebro y no me dejaban pensar.


Después de tres años volvía a verle en el escenario.


Era tan guapo...


Sus dedos se movían seguros por el batidor. Recorrían las cuatro cuerdas de arriba a abajo con decisión, firmes y potentes.


Estaba al final de la sala, todos estaban en silencio. El recital estaba siendo un éxito.


No quería que me viera. Lo nuestro había terminado hacía mucho tiempo, pero algo dentro de mi me impulsaba a ir a felicitarle por su inminente graduación.


Me había hecho mucho daño. Nadie se merece ser engañado. Pero ya se sabe, nuestra mente cae y recae una y mil veces siempre en la misma piedra.


No había sido casualidad, había visto en el folleto de la programación cultural su actuación y me había organizado para verle.


Con la de cosas que tengo pendientes...


Pero allí estaba yo. De pie, embobada detrás de todas las cabecitas y manos que aplaudían y asentían ante la buena interpretación del violinista.


Fueron muchos años compartiendo escenario. Muchas horas de ensayo, muchas frustraciones, alegrías, pasajes imposibles, viajes de autobús interminables, nervios, nuevas experiencias, nuevas amistades y montones de partituras interpretadas.


Desistí. Requería demasiadas horas de mi vida. Horas que a él no le hicieron falta e igualmente lo consiguió.


Tenía un don. Los dones se tienen o no se tienen. Es simple. El siempre lo tuvo. Yo jamás.


Tampoco me arrepiento. No me ha ido mal. Incluso sé que mi vida siempre será más fácil y cómoda que la suya. Ser músico profesional no es fácil y con la carrera terminada ahora vendría lo más complicado. Que te paguen por transmitir melodías.

Le deseo lo mejor.


La gente se puso de pie. El recital había terminado.


En ese momento sentí una sensación de vacío inmensa. El ruido de los aplausos retumbaba por la sala, algunas personas ya abandonaban sus asientos y en cambio yo, me había quedado quieta, paralizada, absorta en mis pensamientos sobre el pasado. Mirándole a él. Mirándola a ella.


No aplaudí ni una vez.
 

Al escenario había subido una chica morena muy guapa con un ramo de rosas rojas inmenso.

Eran sus flores preferidas.


Se dieron un largo beso delante de todos.
  • ¡No puede ser! ¿Desde cuando sale con otra?


Lo había dicho en voz alta sin darme cuenta. Menos mal que con el barullo de la gente pocos me oyeron.


Se me caían las lágrimas mirándoles. Aún estaba allí, plantada, al final de la sala viendo como todo mi aferro al pasado se esfumaba.


Se me acercó un hombre, me miró, miró al escenario y me dijo:
 
  • Pasase lo que pasase entre tú y ese violinista, todo es pasado. Todo empieza y termina. Hay cosas, sentimientos o acciones que duran toda una vida. Otras instantes. No vivas del pasado. Crea tu futuro. Solo tú puedes hacerte ser feliz.
Y se fue. No lo había visto nunca. Me dejo mucho más desconcertada de lo que estaba. Me sequé las lágrimas y miré por última vez al escenario.


Estaba vacío.


Los recitales no duran toda la eternidad.


Las personas tampoco.


Es lo que hay.


Suerte.


martes, 3 de septiembre de 2013

Especial


Volver a empezar a veces es complicado. Cualquier cosa desconocida nos da miedo. Seguramente es más lo que pensamos que lo que acaba siendo.


Si no cambiamos no avanzamos. Hay que arriesgar. La podemos cagar, pero de los errores se aprende.


El miedo se transmite. Nada sale mejor con miedo. Hay que ser valiente. Sacar pecho. Levantar barbilla y al ruedo. Creer en lo que se hace en la mejor receta para el éxito.


Septiembre siempre es un mes de cambios y novedades para los maestros.


Amistades que duran tres trimestres, niños que crecen, padres que agradecen desprenderse de ellos por unas horas, nuevas inquietudes, proyectos, objetivos y mucha, mucha expectación.


Esos locos bajitos que van a pasar contigo más horas que con sus familiares, que van a idolatrarte, a sacarte de quicio, a dejarte afónica, a hacerte reír, disfrutar y al mismo tiempo agotarte.


Trabajaré en una escuela de educación especial. Maestra de música. Todo nuevo. Totalmente diferente a un colegio ordinario.


Si algo he respirado en estos días que llevamos de septiembre es que el cariño, respeto, ganas de trabajar y de pasarlo bien se transmite.


Con silla de ruedas, en camitas, sin movimiento, en un mundo paralelo, en la ilusión de una realidad diferente, la vida avanza.
 

Espero hacerles felices, hacerles sonreír, que simplemente con los ojos transmitan, disfruten y sobretodo, que en este nuevo reto, tanto para ellos que nunca han tenido maestra de música y para mí que nunca he ejercido de ello, simplemente las vibraciones nos hagan ser mejores cada día.


Espero también que me dejen el culo y las tetas tranquilas, que los ojos de cristal no se tiren al suelo y que a ninguno se le vaya la pinza y arremeta su fuerza bruta contra mi.


Sobre la marcha.


Porque todo este curso, tiene pinta de que será, simplemente especial.


 
 


viernes, 24 de mayo de 2013

27

Hoy cumplo 27.

Mientras Los planetas estarán tocando su cumpleaños total de hace 15 años yo lo celebraré.

Mientras entonaban su segundo premio yo empezaba el instituto y sobrevivía como podía al estrés de llevar conjuntamente la formación escolar y musical.

Los años de instituto no son fáciles. Los del colegio tampoco. Ahora lo vivo muy de cerca pero de manera externa. Ser maestra te devuelve a tus días de colegio, a los conflictos eternos entre compañeros de clase y a la preocupación desmesurada por conseguir unas notas que, a día de hoy, te das cuenta que no eran tan importantes.

El tiempo todo lo relativiza. Le quita peso.

Hubo momentos duros. Mientras iba al colegio mi padre era maestro en el colegio. Cuando pasé al instituto mi padre pasó a ser director del instituto y quieras que no, ser la hija del maestro, del profesor y del director de tu centro marca. Y mucho.

A mi padre le llamaban el sapo. Lo odiaba, lo reconozco. Desde pequeña lo admiraba y no entendía como a una persona tan buena como mi padre le podían tener manía y decirle cosas así.

Yo era la sapita. Durante muchos años tenía vergüenza de encontrarme con los mayores, de que me dijeran cosas, que me repitieran una y otra vez que era una enchufada y que se metieran conmigo.

Pese a todo, tengo muchos recuerdos buenos de la época escolar y guardo algunas amistades que, aunque no sean intensas, sé que siempre estarán ahí.

Me encantaba leer, devoraba libros. Aún guardo una libreta en la que apuntaba todos los títulos de los libros que iba leyendo por años y les ponía nota.

Muchos de esos libros siguen en las bibliotecas de los centros. Me ha venido genial. He creado un concurso literario en clase en el que, desde que lo llevamos a cabo los niños leen una media de dos libros por semana con la dificultad de saber que, la maestra se los ha leído todos y., o se los leen bien y se fijan en los detalles o enseguida les pillo y tienen que volver a releer.

Llevo gafas por leer. No me dejaban hacerlo hasta muy tarde así que, cogía una linterna y me ponía a leer debajo de las sábanas. Nunca lo hagáis. En medio año gafas.

Le dedicaba muchas horas a la música, y cree un mundo paralelo al escolar. El musical. En el que la gente se parecía mucho más a mi, mi padre no estaba presente en el centro (aunque al pobre le tocaba esperarse horas y horas a que terminara las clases) y me absorbía todas las horas que tenía de descanso y no estaba leyendo.

Con 27 años ya se tiene perspectiva de la infancia. Muchos líderes han pasado a ser insignificantes, gente que no destacaba ha sabido llevar las riendas de su vida y ahora triunfa y muchas de las cosas que pensé en su día que no podría vivir sin ellas o que me iban a arruinar o a cambiar la vida fueron simple anécdotas del pasado que me han hecho convertirme en alguien más fuerte, más realista, más madura y más empática.

Ahora con 27 veo todos los estereotipos en todas las clases de niños de todos los colegios que he estado.

Ahora con 27 espero que años después, con 54, pueda ver las tonterías que me pasan ahora relativizadas, insignificantes y constructivas.

Qué sabia es la experiencia.







miércoles, 6 de marzo de 2013

El cuento del contador de cuentos


Una noche de enero, me vino a la cabeza el single que había sacado hacía un tiempo uno de mis cantautores preferidos y todo lo que me transmitió en su momento. Así, que decidí escribirle un escueto: “Gracias por tu música” en su página de Facebook.

Esperando la contestación, me sorprendí al ver que me respondió un chico que decía haber leído todas las entradas de mi blog.

Me hizo gracia el comentario y le contesté. Empezamos a mandarnos mensajes por el chat.

A los pocos días parecía que nos conociéramos de años.

Era un chico de mi misma edad, que vivía en Madrid pero era del norte,estudiante y fanático de Leonard Cohen, Bob Dylan, Nacho vegas…

Me hizo descubrir la maravilla que era “Alleluya”, “Suzanne”, “Like a rolling stone”, “Brujita”, “Añada de Ana la friolera”… y un montón de grupos y canciones del estilo.

Me encantaba pasar largas horas hablando con él por whatsapp y por teléfono.

Era un chico muy metódico, que estudiaba largas horas al día y sólo se auto dejaba hablar a la hora de comer y cenar.

Poco a poco, pese a todo y sin habernos visto en persona, nos encaprichamos.

Me contaba cuentos todas las noches por teléfono, gracias a él, conocí uno de los relatos que aún hoy, más me gustan, “La chica más guapa de la ciudad” de Charles Bukowski.


Quería venir a conocerme pero, por aquel entonces, no tenía sitio para alojarle y decidí ir a Madrid a la residencia de estudiantes donde vivía. Nunca he tenido mucho problema en escaparme a la ciudad.

Estuvimos juntos 3 días. Me llevó a sitios preciosos, a ver atardecer, a una caverna subterránea donde todas las paredes estaban escritas con poemas y los camareros con pajarita roja servían mientras un pianista con esmoquin tocaba piezas de jazz, a un recital de poesía...

Nos besamos por la calle, nos metimos mano en el metro, hicimos el amor como dos amantes que saben que nunca más se volverán a ver.

Y así fue.

Lo encontré frío el último día.

Se despidió con un simple beso en la frente y un: “Nos vemos pronto”.

Ante la situación desconcertante subí al bus y volví a casa.

Ya no le he vuelto a ver. Me dijo que me quería, que nunca nadie había hecho todo lo que yo había hecho por él y nadie le había dado tanto como yo durante esos tres días que estuvimos juntos.

Pero él era un tipo raro, un chico que amaba más sus estudios que las relaciones, al que le gustaba atormentarse para ser feliz y que quería sentirse desgraciado para poder escuchar las canciones de amor y desamor y sentirse identificado con ellas.

En cambio yo era una chica muy corriente, sonriente, con ganas de vivir, de amar, de sentir, de disfrutar, con ganas de ser simplemente feliz.

Así que no hizo falta un adiós. Simplemente bastó aquel beso en la frente y aquel “nos vemos pronto” para darnos cuenta de que el contador de cuentos nunca más volvería a marcar mi teléfono.



Pd: En la realidad me costó un poco asumir que una persona pudiera auto destruirse tanto para sentirse bien consigo mismo y me costó dejar de pensar en aquel contador de cuentos raro que en verdad solo había compartido conmigo cama 3 veces pero que a mí (encandilada por las relaciones complicadas y raras) me había hecho descubrir que la chica más guapa de la ciudad se había cortado el cuello para suicidarse.
 
 
 

martes, 12 de junio de 2012

365 días sin Paco Martí

Papá, aún sigo soñando contigo. Fue muy duro verte dar el último suspiro de tu existencia.
Tengo tanto que agradecerte que no sé por dónde empezar.

Recuerdo nuestra última horchata juntos.
-         No sabes el tiempo que hace que no bebía una- me dijiste.
A veces, deberíamos dejar a un lado todo lo establecido como sano y darnos unos cuantos homenajes.
Nunca sabes cuándo vas a dejar de poder hacerlo.

Recuerdo tu cara de angustia en la sala de espera del médico al ver los resultados de las pruebas. No quisiste verlos antes. Los dos solos. Nuestras miradas.
Mis ojos intentando no derramar lágrimas y al mismo tiempo las mejillas empapadas.
No había nada que hacer. Lo sabíamos.
Aún así luchamos el poco tiempo que el destino nos dejó.

Recuerdo nuestro viaje en Bilman Bus de 7 horas a Donosti para despedir a Pedro. Si llego a saber que estabas enfermo, hubiéramos pagado las desorbitadas cifras de los billetes de avión.

CAMPEÓN. Sí, así, con mayúsculas.

Aguantaste mis lloros, la pena de los amigos, el dolor de la familia. TODO.

Me decías que te dolían mucho las piernas. Te dormías en el sofá nada más nos íbamos a descansar. Y yo todo lo acarreaba a la pena. Sin imaginar nada.

No podías más y estuviste ahí, conmigo. Sin conocer a nadie pero consolándome ante un hecho que tú tenías muy cerca y no me quisiste decir.

Ni a mí ni a nadie.

Porque no querías vernos sufrir.

El día que te dijeron que tenías metástasis aún fuiste a trabajar. Nunca dejaré de admirar tu implicación en el instituto en el que, aunque a algunos les pese, has sido el mejor director que conocerá Almenara.

Muchos problemas en el centro estos últimos años y tu siempre al pie del cañón.
Ayudando a todos. Perdonando. Agradeciendo.

A veces pienso que fuiste demasiado bueno.
Otras, siento tanta admiración por ti que ojalá sea ni la mitad de increíble que has sido tú para tanta gente.

Muchas gracias papá. Me inculcaste disciplina, el gusto por la lectura, la pasión por la música y la educación en unos valores que siempre llevaré conmigo.

Recuerdo los cuentos que me contabas por las noches, las horas que te tocaba escucharme estudiar violín cuando aún sonaba a gatos y lo orgulloso que estabas de tus cuatro niñas.
Tus cuatro flores a las que has cultivado todo lo que has podido.

Ya se lo dije a Pedro hace unos días.
Espero que en algún sitio os hayáis podido encontrar.

Yo, en la casa en la que naciste, voy a reunir toda tu música y literatura con todos los libros y discos de Pedro.
Allí montaré una gran estantería en la que, sentados en mi nuevo sofá rojo, nos podremos sentar los tres cada noche, tomarnos una horchata y disfrutar del arte que habéis inculcado en mi vida.


Te quiero papá.




                                              Paco Martí Sanz 25/10/1955 - 12/6/2011