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martes, 14 de mayo de 2024

13 años sin Pedro San Martín

 Hola Pedro. 

¿Cómo va por el universo? 

En la tierra, un año más, todas las personas que te conocimos recordamos que te fuiste a la francesa y nos quedamos sin poder seguir compartiendo la vida contigo. 

Qué difícil de entender es la muerte cuando queda tanta vida por delante. 

Qué difícil de llevar es la ausencia cuando todo estaba por hacer y todo hubiera sido posible. 

Hace trece años de aquel quince de mayo que cambió el curso de mi vida (y el de muchas otras personas) y cada vez el mundo gira más deprisa. 

Como cada año, releo la carta anterior y pienso en todo lo sucedido estos 365 días sumados a tu partida y a mi experiencia. 

Me ha pasado volando. 

Este año de alegría sin quimioterapia, sin confinamiento, con dos niñas en el colegio y un trabajo que cada día es más demandante y absorbente ha pasado como un torbellino de actividades, vivencias y aprendizajes. 

Vamos muy rápido Pedro. 

Nada que ver al ritmo que compartíamos. Y eso que, a eventos, no nos ganaba nadie. 

La tecnología nos ayuda, pero también nos esclaviza.  

Estamos aprendiendo a gestionarla y a gestionar nuestras necesidades y prioridades entre el mundo real y virtual. Entre la realidad y la ficción de la red. 

Pero no hay manual de instrucciones. 

Tampoco para la maternidad y la paternidad. 

Y menos paras las dos situaciones a la par. 

Y como en todas las nuevas experiencias, el mundo avanza entre el ensayo, el acierto y el error. 


AMA sacó disco en la primavera del año pasado y AMATEUR lo ha hecho este año con Mushroom Pillow. 

No hace falta que te cuente mucho porque sé que ellos lo harán constantemente. Hay demasiadas cosas vividas (tantas que desconozco la mayoría) y mientras sigan creando canciones, estarás presente en ellas. 

Muchas veces pienso en cómo me marcaste en esos 5 años que compartimos juntos. En la relatividad del tiempo y las palabras del bioquímico Carlos López Otín: El tiempo emocional, que nada tiene que ver con el real. 

Aprendí tanto junto a ti que pasan los años y sigue habiendo cosas que me hacen volver atrás. Te lo he contado muchas veces, pero sigo utilizando tu cartera y oliendo tu perfume (casualidades de tus gustos, todo de Paul Smith), sigo teniendo todos tus discos en el rinconcito musical de la casa (con spotify cada vez el formato físico lo utilizamos menos) y los libros de Houellebecq, Hesse o Sempé. 

Me gustaría que, aunque pasen los años, aunque se me rompa tu cartera, se termine tu perfume o las vivencias vayan difuminando los recuerdos, estas conversaciones que tenemos a solas, con la luz de una pantalla por testigo, no se desdibujen nunca. 

Las señales que me has mandado todos estos años han calado gota a gota en mis recuerdos esenciales. 

Estoy viviendo esos últimos años que viviste con mi edad. Te recuerdo vital, incansable, con las ideas claras y al mismo tiempo con una vulnerabilidad y una necesidad insaciable de ser amado. 

Leía una entrevista que le hacían a Jesús Terrés en Gatrópolis a raíz de su última novela “Buscaba la belleza” y me quedo con la frase que abre el libro: 


“Nunca sabremos cómo serían nuestras vidas si las cosas no hubiesen sido como son”. 


Y así es. 

Solo me queda recordarte. Al igual que espero que, entre todas tus partículas que han vuelto al universo y todas las ideas que creaste y que dejaste por utilizar, siempre recuerdes a aquella chica que apareció en tu mundo para quedarse, pero el destino hizo que la historia nunca pudiera continuar. 


Un abrazo grande Pedro. 


Siempre te recordaré como un ser especial. 


 



 


 

miércoles, 15 de mayo de 2019

8 años sin Pedro San Martín


Hola Pedro,
Hola mundo.

Hace 8 años que desapareciste de mi vida y yo sigo contándote todo lo que me pasa por la cabeza cada 15 de mayo.

No preparo nada. Simplemente me siento y escribo. No creo que alguien a quién he querido tanto precise de preparativos para poder tener una buena conversación.

El año pasado te escribí inmersa en una montaña rusa hormonal  con un bebé de 6 días en brazos, con grietas en los pezones y sobreviviendo a una temporada de postparto que me tuvo desubicada durante una buena temporada.

Ya nada es igual.

Una nueva persona ha entrado en mi vida para cambiarla radicalmente.

Aún recuerdo las cenas con Jorge y Maider y los ratos en los que a ella le tocaba irse a la habitación a dormir a la niña.

Ahora soy yo la que hago las rutinas de sueño y aprovecho los momentos de soledad en casa para descansar.

Hubieras sido también buen padre pero la suma de obligaciones y los cambios de rutinas te habrían costado.

O no.

8 años sin verte dan para muchos cambios.

¿Cómo sería? ¿Dónde viviríamos?

Tampoco importa.

Estás. De diferente manera, pero estás.

No le podemos dar muchas vueltas a aquello que no fue pero sí podemos recordar con cariño y con una sonrisa todo lo que vivimos juntos.

Las horas que nos pasamos conociéndonos vía correos electrónicos y llamadas telefónicas, todos los aviones que cogimos, todos  los hoteles en los que nos hospedamos, los kilómetros y kilómetros que hicimos para vernos pero sobretodo la sensación de paz y de tranquilidad que nos proporcionaba estar juntos.

Porque siempre me decías que estabas feliz, que habías encontrado una estabilidad que llevabas muchos años buscando, que tenías ganas de pensar nuevos retos, nuevos planes.

Que volverías a tocar, que daríais un nuevo golpe musical, que íbamos a montar un colegio con un sistema educativo diferente y que el dinero estaba para disfrutarlo a base de experiencias y momentos.

Y te esfumaste.

Porque los accidentes de tráfico tienen esas cosas.

No es como una enfermedad en la que vas haciéndote a la idea tú y los que te rodean, no es como una ruptura en la que sabes que aunque cojáis caminos diferentes puede que algún día de nuevo un cruce os vuelva a juntar, no.

Desapareces.

Desaparecen tus pensamientos,  tu cuerpo, tus tonterías, tu manera de ver el mundo, tus disertaciones, tus secretos, tus ilusiones, tu vida.

Y pasas a ser parte de mi recuerdo. De mi subconsciente, de mi carácter, de mi persona.

Pero se acabó. No habrá más. No habrá más canciones, no habrá más conversaciones, no habrá más caricias, no habrá más Pedro.

Por eso quiero guardarte, por eso quiero recordarte, por eso quiero que sigas estando conmigo pese a que todo avanza y cambia y me cambia y me resetea.

Porque pocas personas me enseñaron tanto como tú.

Porque si juntáramos a todos los que nos acordamos de ti cada 15 de mayo haríamos temblar las leyes de la física.

Porque dejaste huella en miles de personas.

Porque lo siguen haciendo tus canciones en personas que ya nunca podrán oírte.

Porque tengo una vida plena, con un compañero de vida al que quiero con locura, una hija que me ha hecho ver la grandiosidad de la vida y un trabajo que me apasiona.

Porque quiero que Abril sepa nuestra historia, porque quiero que el mundo sepa que todo se puede superar.

 Se puede seguir queriendo y amar a la vez, porque todo lo que hemos vivido no me lo quitará nadie, porque Pedro San Martín siempre será la persona que hizo que Rosa Martí descubriera el mundo con ojos de adulta y porque cuando leas esto, junto a tu padre, y pienses que fuiste un idiota por subir en ese coche aquella noche, sí, es cierto, lo fuiste. Fue la última y la peor decisión de tu vida.

Pero fue.

Y no se podrá cambiar jamás.


Espero que seas feliz, que en tu nueva dimensión hayas seguido disfrutando igual que lo hacías conmigo, que haya buena música, que te dejen preparar tus platitos y tus cócteles y que sigas visitando los recuerdos de todos los que te han querido tanto como yo.


No me olvides Pedro.

Yo no lo haré jamás.


Dulces besos,

Rosa.