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miércoles, 6 de marzo de 2013

El cuento del contador de cuentos


Una noche de enero, me vino a la cabeza el single que había sacado hacía un tiempo uno de mis cantautores preferidos y todo lo que me transmitió en su momento. Así, que decidí escribirle un escueto: “Gracias por tu música” en su página de Facebook.

Esperando la contestación, me sorprendí al ver que me respondió un chico que decía haber leído todas las entradas de mi blog.

Me hizo gracia el comentario y le contesté. Empezamos a mandarnos mensajes por el chat.

A los pocos días parecía que nos conociéramos de años.

Era un chico de mi misma edad, que vivía en Madrid pero era del norte,estudiante y fanático de Leonard Cohen, Bob Dylan, Nacho vegas…

Me hizo descubrir la maravilla que era “Alleluya”, “Suzanne”, “Like a rolling stone”, “Brujita”, “Añada de Ana la friolera”… y un montón de grupos y canciones del estilo.

Me encantaba pasar largas horas hablando con él por whatsapp y por teléfono.

Era un chico muy metódico, que estudiaba largas horas al día y sólo se auto dejaba hablar a la hora de comer y cenar.

Poco a poco, pese a todo y sin habernos visto en persona, nos encaprichamos.

Me contaba cuentos todas las noches por teléfono, gracias a él, conocí uno de los relatos que aún hoy, más me gustan, “La chica más guapa de la ciudad” de Charles Bukowski.


Quería venir a conocerme pero, por aquel entonces, no tenía sitio para alojarle y decidí ir a Madrid a la residencia de estudiantes donde vivía. Nunca he tenido mucho problema en escaparme a la ciudad.

Estuvimos juntos 3 días. Me llevó a sitios preciosos, a ver atardecer, a una caverna subterránea donde todas las paredes estaban escritas con poemas y los camareros con pajarita roja servían mientras un pianista con esmoquin tocaba piezas de jazz, a un recital de poesía...

Nos besamos por la calle, nos metimos mano en el metro, hicimos el amor como dos amantes que saben que nunca más se volverán a ver.

Y así fue.

Lo encontré frío el último día.

Se despidió con un simple beso en la frente y un: “Nos vemos pronto”.

Ante la situación desconcertante subí al bus y volví a casa.

Ya no le he vuelto a ver. Me dijo que me quería, que nunca nadie había hecho todo lo que yo había hecho por él y nadie le había dado tanto como yo durante esos tres días que estuvimos juntos.

Pero él era un tipo raro, un chico que amaba más sus estudios que las relaciones, al que le gustaba atormentarse para ser feliz y que quería sentirse desgraciado para poder escuchar las canciones de amor y desamor y sentirse identificado con ellas.

En cambio yo era una chica muy corriente, sonriente, con ganas de vivir, de amar, de sentir, de disfrutar, con ganas de ser simplemente feliz.

Así que no hizo falta un adiós. Simplemente bastó aquel beso en la frente y aquel “nos vemos pronto” para darnos cuenta de que el contador de cuentos nunca más volvería a marcar mi teléfono.



Pd: En la realidad me costó un poco asumir que una persona pudiera auto destruirse tanto para sentirse bien consigo mismo y me costó dejar de pensar en aquel contador de cuentos raro que en verdad solo había compartido conmigo cama 3 veces pero que a mí (encandilada por las relaciones complicadas y raras) me había hecho descubrir que la chica más guapa de la ciudad se había cortado el cuello para suicidarse.
 
 
 

lunes, 28 de enero de 2013

Miedos


Quiero que me digas lo que sientes. Que no te calles nada.

Es muy difícil adivinar tus sentimientos y, en consecuencia, actuar.

No te creas que para mí es fácil, pero me he dado cuenta que no sirve de nada tener miedo.

Te paralizas, te bloqueas y el tiempo pasa delante de tus narices.

Hay trenes que solo pasarán una vez. O los tomas o renuncias a ese viaje para siempre.

A todos nos puede salir mal.
Puede durar un día o un siglo.

Quizás te arrepientas de tu decisión pero, al menos, lo intentaste.

Lamentarse de lo hecho es una forma de aprender.
Lamentarse de lo no vivido es una forma de perder.
 
Con todo esto no digo que seamos impulsivos ante cualquier situación.

Seamos fieles a nuestros principios, nos educaron bien.
Haz uso de tus valores y confía en ti mismo.
Creelo.


En el fondo, tanto jaleo puede que simplemente termine en un quiero que me besen, que me abracen, que me hagan un poco más pequeña la cama, que me toquen el pelo, que disfruten de mi cuerpo, que me hagan perder el sentido y que me digan te quiero.

 

Complicado ¿o no?