martes, 8 de abril de 2014

T-T


Tensión.

Datos inconexos.

Tensión.

Impotencia.

Tensión.

Palabras retorcidas.

Tensión.


 

Pastilla.

 


Tranquilidad.

Abrazos.

Tranquilidad.

Besos.

Tranquilidad.

Miradas.

Tranquilidad.


 

Sonrisa.


viernes, 3 de enero de 2014

Volver a crear


La inspiración y las ganas no siempre se tienen.

Hay épocas en las que circunstancias, sucesos internos o externos a nosotros mismos, problemas... hacen que las neuronas que daban rienda suelta a la imaginación se tengan que ocupar de otros quehaceres y dejen la invención en el último de sus planos.

Creo que algo así me ha sucedido y nunca encontraba el momento para sentarme.

No me hace falta mucha concentración. Con papel y boli puedo hacerlo en cualquier sitio. Pero es el tiempo, el estado, el mundo que te rodea, las ganas...

Putos problemas. Ojala no existieran. Puto tiempo. Ojala no pasara tan rápido.

Pero es lo que hay, el tiempo pasa y no vuelve, los problemas aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer nuevos. Mientras, nosotros, nos ofuscamos, nos fustigamos y dejamos de disfrutar de cosas que realmente sabemos que nos hacen felices.

Espero volver.

Siempre nos ocurren cosas, todos tenemos anécdotas, vivencias y gente a nuestro alrededor.

Siempre tenemos algo que contar.

Solo hay que decidirse a escribir y compartirlo.

Gracias por volverme a leer.
 
 
 
 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El recital de violín


Las notas penetraban en mis oídos como espadas afiladas.


Volver a oírle tocar el violín estaba siendo más duro de lo esperado.


Los agudos chirriaban en mi cerebro y no me dejaban pensar.


Después de tres años volvía a verle en el escenario.


Era tan guapo...


Sus dedos se movían seguros por el batidor. Recorrían las cuatro cuerdas de arriba a abajo con decisión, firmes y potentes.


Estaba al final de la sala, todos estaban en silencio. El recital estaba siendo un éxito.


No quería que me viera. Lo nuestro había terminado hacía mucho tiempo, pero algo dentro de mi me impulsaba a ir a felicitarle por su inminente graduación.


Me había hecho mucho daño. Nadie se merece ser engañado. Pero ya se sabe, nuestra mente cae y recae una y mil veces siempre en la misma piedra.


No había sido casualidad, había visto en el folleto de la programación cultural su actuación y me había organizado para verle.


Con la de cosas que tengo pendientes...


Pero allí estaba yo. De pie, embobada detrás de todas las cabecitas y manos que aplaudían y asentían ante la buena interpretación del violinista.


Fueron muchos años compartiendo escenario. Muchas horas de ensayo, muchas frustraciones, alegrías, pasajes imposibles, viajes de autobús interminables, nervios, nuevas experiencias, nuevas amistades y montones de partituras interpretadas.


Desistí. Requería demasiadas horas de mi vida. Horas que a él no le hicieron falta e igualmente lo consiguió.


Tenía un don. Los dones se tienen o no se tienen. Es simple. El siempre lo tuvo. Yo jamás.


Tampoco me arrepiento. No me ha ido mal. Incluso sé que mi vida siempre será más fácil y cómoda que la suya. Ser músico profesional no es fácil y con la carrera terminada ahora vendría lo más complicado. Que te paguen por transmitir melodías.

Le deseo lo mejor.


La gente se puso de pie. El recital había terminado.


En ese momento sentí una sensación de vacío inmensa. El ruido de los aplausos retumbaba por la sala, algunas personas ya abandonaban sus asientos y en cambio yo, me había quedado quieta, paralizada, absorta en mis pensamientos sobre el pasado. Mirándole a él. Mirándola a ella.


No aplaudí ni una vez.
 

Al escenario había subido una chica morena muy guapa con un ramo de rosas rojas inmenso.

Eran sus flores preferidas.


Se dieron un largo beso delante de todos.
  • ¡No puede ser! ¿Desde cuando sale con otra?


Lo había dicho en voz alta sin darme cuenta. Menos mal que con el barullo de la gente pocos me oyeron.


Se me caían las lágrimas mirándoles. Aún estaba allí, plantada, al final de la sala viendo como todo mi aferro al pasado se esfumaba.


Se me acercó un hombre, me miró, miró al escenario y me dijo:
 
  • Pasase lo que pasase entre tú y ese violinista, todo es pasado. Todo empieza y termina. Hay cosas, sentimientos o acciones que duran toda una vida. Otras instantes. No vivas del pasado. Crea tu futuro. Solo tú puedes hacerte ser feliz.
Y se fue. No lo había visto nunca. Me dejo mucho más desconcertada de lo que estaba. Me sequé las lágrimas y miré por última vez al escenario.


Estaba vacío.


Los recitales no duran toda la eternidad.


Las personas tampoco.


Es lo que hay.


Suerte.


martes, 3 de septiembre de 2013

Especial


Volver a empezar a veces es complicado. Cualquier cosa desconocida nos da miedo. Seguramente es más lo que pensamos que lo que acaba siendo.


Si no cambiamos no avanzamos. Hay que arriesgar. La podemos cagar, pero de los errores se aprende.


El miedo se transmite. Nada sale mejor con miedo. Hay que ser valiente. Sacar pecho. Levantar barbilla y al ruedo. Creer en lo que se hace en la mejor receta para el éxito.


Septiembre siempre es un mes de cambios y novedades para los maestros.


Amistades que duran tres trimestres, niños que crecen, padres que agradecen desprenderse de ellos por unas horas, nuevas inquietudes, proyectos, objetivos y mucha, mucha expectación.


Esos locos bajitos que van a pasar contigo más horas que con sus familiares, que van a idolatrarte, a sacarte de quicio, a dejarte afónica, a hacerte reír, disfrutar y al mismo tiempo agotarte.


Trabajaré en una escuela de educación especial. Maestra de música. Todo nuevo. Totalmente diferente a un colegio ordinario.


Si algo he respirado en estos días que llevamos de septiembre es que el cariño, respeto, ganas de trabajar y de pasarlo bien se transmite.


Con silla de ruedas, en camitas, sin movimiento, en un mundo paralelo, en la ilusión de una realidad diferente, la vida avanza.
 

Espero hacerles felices, hacerles sonreír, que simplemente con los ojos transmitan, disfruten y sobretodo, que en este nuevo reto, tanto para ellos que nunca han tenido maestra de música y para mí que nunca he ejercido de ello, simplemente las vibraciones nos hagan ser mejores cada día.


Espero también que me dejen el culo y las tetas tranquilas, que los ojos de cristal no se tiren al suelo y que a ninguno se le vaya la pinza y arremeta su fuerza bruta contra mi.


Sobre la marcha.


Porque todo este curso, tiene pinta de que será, simplemente especial.


 
 


viernes, 5 de julio de 2013

Errores - Personas


  • Hola.
  • ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Pensaba que te habías cansado de mi.
  • ¡Que va! Ojalá todo fuera como hace unos meses, me ayudaste mucho.
  • Me gustaba hablar contigo. ¿Por qué desapareciste de repente?
  • No te vas a creer lo que te voy a contar pero creo que después de todo lo que te has preocupado por mi, tus consejos, tus conversaciones y tu interés te mereces una explicación.
  • Si has conocido a alguien lo entiendo.
  • No, no, no tiene nada que ver con eso.
  • ¿Entonces?
  • Soy padre.
  • ¿¿Qué??
  • Lo que oyes. Me enteré hace tres días que tengo una hija de dos años.
  • Pero... ¡eso es imposible!
  • Eso pensaba yo. Pero la niña es clavadita a mi.
  • Pero... ¿cómo?... ¡cuéntame desde el principio!

Cuando empezó a contarme la historia me parecía todo tan surrealista que pensaba que me estaba gastando una broma.

No me conoces en persona, pero te he hablado mucho de mi. Sabes que me gustan las mujeres, que no tengo mucho tiempo para disfrutar de ellas y que me cuesta poco ligar.

Hace dos años empecé a trabajar para una de las empresas financieras más importantes de Barcelona. Tenía 22 años y creía (y ya sabes que sigo creyéndolo) que iba a comerme el mundo.

Ya te dije que pasaba de prostitutas, muchos de mis compañeros tienen hasta días fijos para desahogarse y pegar polvos pero yo, con mi edad y mi carácter, prefiero seducir a mi presa para que me proporcione una noche de placer.
Salí con unos amigos de la pandilla de siempre, me apetecía aparentar una vida normal de vaqueros, camiseta y zapatillas de un chico de mi edad.

Ligué con una chica menuda, rubita, y delgada que me follé en los baños de la discoteca.

No nos dimos los teléfonos, simplemente nos dijimos los nombres y un poco de nosotros y a la mañana siguiente ya ni me acordaba de ella.

Llámame superficial. Pero así fue.
Nunca más supe nada de ella hasta hace tres días.
 
 

Llamaron a la puerta de casa de mis padres. Miré por el ojo de pez. Era una chica con una niña pequeña en brazos. Abrí pensando que sería alguna vecina pesada pidiendo sal.
Me saludó con mi nombre.
  • ¿No te acuerdas de mi?

Le dije que no.
  • Tengo algo muy importante que contarte. Esta es tu hija Sara.
De piedra, blanco, y atónito me quedé al oír sus palabras. Pensé que era una broma de mal gusto pero la vi tan segura, seria y decidida a entrar que sin saber qué responder le dije que pasara.
Mis padres estaban en el salón leyendo.

La chica se sentó y empezó a hablar y contar su historia. La niña, nos miraba como si no fuera con ella.
 
 
 

Conocí a vuestro hijo una noche hace dos años. Estuvimos saliendo una temporada (me alegré que al menos la chica no les contara a mis padres que me la follé en los baños sucios de una discoteca)

y de repente desapareció.

No era nada serio así que tampoco lo pasé muy mal por dejar de quedar con él, pero a los meses empecé a sentirme mal, a tener vómitos, mareos y dejar de bajarme la menstruación.

Mi madre se asustó y me hizo hacerme un test de maternidad.


POSITIVO.


Me volví loca, mis padres me castigaron sin salir durante todo el embarazo y me obligaron a tenerlo. Son creyentes y no aceptaban el aborto como una opción.
Y aquí está el resultado. Sara. Dos años recién cumplidos. Una niña muy lista que tiene ganas de conocer a su papá.
Estaba totalmente desconcertado. Mis padres no generaron palabra alguna. Todo esto nos superaba. Yo acababa de llegar de Nueva York, había estado allí casi dos años terminando un máster en la universidad de Columbia y lo que menos me esperaba era ser papá.
  • No te lo he dicho antes porque no te podía localizar, solo sabía tu nombre y un poco por encima tu trabajo. Sin facebook, sin redes sociales... ¡no sabía como contactar contigo! Finalmente gracias a las páginas amarillas recordando un día por casualidad el barrio dónde me dijiste que vivías dí con el apellido de tu padre y preguntando pude encontrarte.
  • Quiero una prueba de paternidad.
  • Claro, sabía que me lo pedirías, pero no vendría aquí así, sin estar segura de que eres su padre.

La semana que viene tengo las analíticas pero la niña era igual que yo.



  • Bufff que fuerte, ¿y que dijeron tus padres?
  • No sabían que decir, ahora que han pasado unos días están encantados. Los dos prejubilados ya tienen distracción.
  • Pero ¡es una locura! ¿No te pusiste condón?
  • Pues... no me acuerdo, normalmente lo uso pero yo que sé, no sería la primera vez que la marcha atrás me sirve como anticonceptivo.
  • Estás loco...
  • No me machaques más. Me acabo de enterar que tengo descendencia. Una niña de dos años que me mira como si nada y que a partir de ahora va a ser mi hija y no tengo ni idea de como reaccionar. No me gustan los niños.
  • Esperemos a las analíticas. No quiero perder el contacto contigo. Esto lo cambia todo pero aún así me importas y quiero que me vayas contando como van sucediendo las cosas.
  • Muchas gracias, aun estoy en estado de shock. La semana que viene sabré los resultados. Ya te contaré.
  • Vale, tu tranquilizate, hasta que no lo sepas seguro no hay nada cierto. Entro a clase.
  • Muchas gracias por escucharme.
  • A ti por contármelo.


                        …...

Resultado del test de paternidad: POSITIVO.





 

miércoles, 26 de junio de 2013

Personas - Errores


La vida puede cambiarte en un instante.


Me encanta conocer a las personas. Y no digo por conocer tener una amistad para toda la vida. Digo conocer a escuchar los relatos de sus vidas, a comprender sus problemas, a celebrar sus logros, a aprender de sus vivencias... a eso le digo conocer a alguien.
A finales del año pasado, por casualidad, como todo lo que suele ocurrir en esta vida, conocí a un chico.
Moreno, guapo, fuerte, y con una conversación que me dejó eclipsada.
No acostumbro a asombrarme por nadie, y menos por un chico de 24 años. Pero tenia algo especial. Algo que me intrigaba más allá de su historia y de su vida ya de por sí fascinante.

Nos vinimos bien. Creo que también le gustó mi aportación a la conversación y eso se notó con la dedicación de horas personales a darle al teléfono y a la comunicación escrita instantánea.

Me gustaba. Me gustaba desde el primer día que hablamos.

Solo le había visto en foto y la verdad, físicamente me atraía.

Tenía ganas de conocerle. Yo soy así. Tengo ganas y lo hago. Sin pensar demasiado.

A Barcelona. Un ratito de Euromed.
Financiero, a tope de trabajo. Imposible tenerlo 24 horas para mí.
¿Se puede vivir la veintena con un trabajo que no te permite ni pasar un fin de semana con una chica?
Para conseguir el éxito hay que sacrificarlo todo, me decía.


¿TODO?


Nunca le conocí. Sigo en contacto con él, me gusta saber de su vida y sus logros pese a no haberle tocado nunca pero los errores se pagan caros.

Sé que se arrepiente de no haber quedado conmigo.
Cada situación y cada vivencia tiene su momento y su lugar.

Desapareció del mapa por algún tiempo. De repente, un día, me llamó y me saludó como si solo hiciera unas horas que no hablábamos.

La increíble historia que me contó era suficiente para perdonarle su ausencia.

La vida puede cambiarte en un instante.

Hay errores que nos acompañarán siempre.
 
 
 
 

miércoles, 12 de junio de 2013

Enfermedades. Dos años sin papá.


El otro día una amiga me dijo que tenía que contarme algo. Estaba enferma. Hacía un mes que le habían empezado a hacer pruebas.


Se desplomó en el trabajo. Dejó de sentir las piernas y los pies y cayó.

Brote de esclerosis. Enfermedad incurable. Degenerativa.

Una semana de 5 horas de gotero por día.

Lo que puede llegar a hincharse aún no lo sabe. Si conseguirán ralentizarle la enfermedad tampoco.


Ella me lo contaba tranquila, todo el año machacándose en el gimnasio y en la piscina y ahora la iban a cebar a cortisona. ¡Qué putada!


Hoy hace dos años de la muerte de mi padre. Morir cuando aún te quedan tantas cosas por hacer y tanto cariño por dar debería estar prohibido. Pero no lo está.


Tenemos a nuestro alrededor muchas personas a las que valoramos, queremos y apreciamos. Disfrutemos de ellas.


La vida es tan casual como la muerte. La salud es tan aleatoria como la enfermedad.


Mi amiga es muy guapa, es feliz, tiene amigos y amigas que le quieren. ¿por qué tiene que vivir con todo ello a partir de ahora? Es muy decepcionante pensar que no podemos hacer nada. Pero así es.


Podemos cuidarnos todo lo que queramos y más, vivir la vida más sana que podamos llegar a concebir y tener una plenitud mental que haga que nadie nos pueda derrumbar pero, si por una de aquellas llama a tu puerta el destino y te dice: - Guapo, guapa, te ha tocado. Es lo que hay.


Nadie se escapa de la enfermedad. Te toca vivir lo que te echen, durante el tiempo que sea y como sea.

Mientras lo vivas y puedas sonreír, siéntete afortunado.


Todos vamos a sufrir aunque no queramos. La vida es mucho más complicada a medida que la vives.


Los problemas se intensifican a medida que a tu alrededor todo envejece.


Porque ojala todos envejezcamos. Eso querrá decir que hemos tenido la oportunidad de vivir.
Muchos otros nunca se verán arrugas, ni verán a sus nietos, incluso a sus hijos crecer y sólo quedará de ellos lo que cada una de las personas que les quisieron guarden en su interior.

 

Papá, queda mucho de ti en mí.


Gracias.