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viernes, 5 de julio de 2013

Errores - Personas


  • Hola.
  • ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Pensaba que te habías cansado de mi.
  • ¡Que va! Ojalá todo fuera como hace unos meses, me ayudaste mucho.
  • Me gustaba hablar contigo. ¿Por qué desapareciste de repente?
  • No te vas a creer lo que te voy a contar pero creo que después de todo lo que te has preocupado por mi, tus consejos, tus conversaciones y tu interés te mereces una explicación.
  • Si has conocido a alguien lo entiendo.
  • No, no, no tiene nada que ver con eso.
  • ¿Entonces?
  • Soy padre.
  • ¿¿Qué??
  • Lo que oyes. Me enteré hace tres días que tengo una hija de dos años.
  • Pero... ¡eso es imposible!
  • Eso pensaba yo. Pero la niña es clavadita a mi.
  • Pero... ¿cómo?... ¡cuéntame desde el principio!

Cuando empezó a contarme la historia me parecía todo tan surrealista que pensaba que me estaba gastando una broma.

No me conoces en persona, pero te he hablado mucho de mi. Sabes que me gustan las mujeres, que no tengo mucho tiempo para disfrutar de ellas y que me cuesta poco ligar.

Hace dos años empecé a trabajar para una de las empresas financieras más importantes de Barcelona. Tenía 22 años y creía (y ya sabes que sigo creyéndolo) que iba a comerme el mundo.

Ya te dije que pasaba de prostitutas, muchos de mis compañeros tienen hasta días fijos para desahogarse y pegar polvos pero yo, con mi edad y mi carácter, prefiero seducir a mi presa para que me proporcione una noche de placer.
Salí con unos amigos de la pandilla de siempre, me apetecía aparentar una vida normal de vaqueros, camiseta y zapatillas de un chico de mi edad.

Ligué con una chica menuda, rubita, y delgada que me follé en los baños de la discoteca.

No nos dimos los teléfonos, simplemente nos dijimos los nombres y un poco de nosotros y a la mañana siguiente ya ni me acordaba de ella.

Llámame superficial. Pero así fue.
Nunca más supe nada de ella hasta hace tres días.
 
 

Llamaron a la puerta de casa de mis padres. Miré por el ojo de pez. Era una chica con una niña pequeña en brazos. Abrí pensando que sería alguna vecina pesada pidiendo sal.
Me saludó con mi nombre.
  • ¿No te acuerdas de mi?

Le dije que no.
  • Tengo algo muy importante que contarte. Esta es tu hija Sara.
De piedra, blanco, y atónito me quedé al oír sus palabras. Pensé que era una broma de mal gusto pero la vi tan segura, seria y decidida a entrar que sin saber qué responder le dije que pasara.
Mis padres estaban en el salón leyendo.

La chica se sentó y empezó a hablar y contar su historia. La niña, nos miraba como si no fuera con ella.
 
 
 

Conocí a vuestro hijo una noche hace dos años. Estuvimos saliendo una temporada (me alegré que al menos la chica no les contara a mis padres que me la follé en los baños sucios de una discoteca)

y de repente desapareció.

No era nada serio así que tampoco lo pasé muy mal por dejar de quedar con él, pero a los meses empecé a sentirme mal, a tener vómitos, mareos y dejar de bajarme la menstruación.

Mi madre se asustó y me hizo hacerme un test de maternidad.


POSITIVO.


Me volví loca, mis padres me castigaron sin salir durante todo el embarazo y me obligaron a tenerlo. Son creyentes y no aceptaban el aborto como una opción.
Y aquí está el resultado. Sara. Dos años recién cumplidos. Una niña muy lista que tiene ganas de conocer a su papá.
Estaba totalmente desconcertado. Mis padres no generaron palabra alguna. Todo esto nos superaba. Yo acababa de llegar de Nueva York, había estado allí casi dos años terminando un máster en la universidad de Columbia y lo que menos me esperaba era ser papá.
  • No te lo he dicho antes porque no te podía localizar, solo sabía tu nombre y un poco por encima tu trabajo. Sin facebook, sin redes sociales... ¡no sabía como contactar contigo! Finalmente gracias a las páginas amarillas recordando un día por casualidad el barrio dónde me dijiste que vivías dí con el apellido de tu padre y preguntando pude encontrarte.
  • Quiero una prueba de paternidad.
  • Claro, sabía que me lo pedirías, pero no vendría aquí así, sin estar segura de que eres su padre.

La semana que viene tengo las analíticas pero la niña era igual que yo.



  • Bufff que fuerte, ¿y que dijeron tus padres?
  • No sabían que decir, ahora que han pasado unos días están encantados. Los dos prejubilados ya tienen distracción.
  • Pero ¡es una locura! ¿No te pusiste condón?
  • Pues... no me acuerdo, normalmente lo uso pero yo que sé, no sería la primera vez que la marcha atrás me sirve como anticonceptivo.
  • Estás loco...
  • No me machaques más. Me acabo de enterar que tengo descendencia. Una niña de dos años que me mira como si nada y que a partir de ahora va a ser mi hija y no tengo ni idea de como reaccionar. No me gustan los niños.
  • Esperemos a las analíticas. No quiero perder el contacto contigo. Esto lo cambia todo pero aún así me importas y quiero que me vayas contando como van sucediendo las cosas.
  • Muchas gracias, aun estoy en estado de shock. La semana que viene sabré los resultados. Ya te contaré.
  • Vale, tu tranquilizate, hasta que no lo sepas seguro no hay nada cierto. Entro a clase.
  • Muchas gracias por escucharme.
  • A ti por contármelo.


                        …...

Resultado del test de paternidad: POSITIVO.





 

miércoles, 29 de mayo de 2013

Azotes


  • Pégame.
  • ¿Qué?
  • ¡Que me pegues en el culo!
  • …
  • ¡Joder pégame!
  • Plas...
  • jajaja
  • ¿Qué pasa?
  • ¿Eso es una palmada en el culo?
  • ¿Cómo voy a pegarte?
  • ¡Pues pegándome!
  • Te voy a hacer daño...
  • Cuando estás cachonda el dolor es relativo.
  • Yo paso.
  • ¿Por qué? A todos los tíos les gusta dar azotes en el culo.
  • ¿ A qué tíos conoces tú?
  • Bueno, a todos no lo sé, pero lo supongo.
  • Supones demasiado.
  • Puede ser, pero a ti no te cuesta nada y a mi me excita mucho.
  • Sí que me cuesta, no quiero pegarte.
  • Pero si no es pegarme, es darme placer.
  • ¿Cómo va a darte placer un azote en el culo? Lo que va a pasar es que se te va a quedar más rojo que un tomate.
  • Bah, eso se va en un rato.
  • Mira que eres retorcida...
  • Bueno, no nos pongamos a hablar porque si empiezo a enumerar tus “pequeñas manías” en la cama no terminaríamos nunca.
  • ¡Yo no tengo manías!
  • ¿Ah no? !Pues bien que me haces lavar las manos antes de hacerte una paja! Pregunta a ver a qué tío le importa si su novia se ha enjuagado o no.
  • Soy un tío limpio.
  • Eres un poco idiota.
  • ¿Ya empiezas?
  • Has empezado tu, yo solo quería que me pegaras una palmada en el culo, correrme a gusto e irme a dormir tranquila. Pero ya ves, ninguna de las tres cosas me ha concedido el genio. Tiempo de crisis.
  • Que agria eres.
  • Y tú que poco empático.
  • Yo no quiero pegarte.
  • Ais, vale pues, ya se me han pasado las ganas, la verdad, mejor lo dejamos para otro día que ya me he hecho a la idea de que hoy me duermo sin orgasmo.
  • ¿Y yo?
  • ¿¿Tu?? Si ya sabía yo que el egoísmo ni viviendo juntos se te iba a quitar...
  • ¡No soy egoísta! Quiero hacer el amor como las parejas normales, como en las películas.
  • ¡En las películas no follan! Acaso te crees que las chicas se corren solo con cuatro mete-saca?
  • Eres demasiado complicada, con una más modosita me hubiera ido mejor.
  • Eso no te lo crees ni tu. Y lo sabes.
  • Bueno ya, se te da muy bien, es verdad, pero me pides unas cosas....
  • He dicho que vamos a dejar lo de los azotes, ya lo retomaremos....
  • Insaciable... buenas noches.
  • Buenas noches cariño.
  • …
  • Te quiero.
 


martes, 7 de mayo de 2013

Finales


Cogí la chaqueta del colgador. No me fijé mucho en si era la mía. Tampoco me importaba. Ya tenía cinco años y la ropa, como todo en esta vida, tiene fecha de caducidad.


Hacía frío en la calle. Aquí llueve poco, pero cuando lo hace, la vida se paraliza de puertas hacía fuera y se incrementa la tasa de natalidad.
 
No me gusta llevar gafas cuando llueve, se empañan, se mojan y nunca encuentras un pañuelo a mano para secarlas.
 
Entré a casa. Había pensado unirme a los del incremento. No hay mejor momento para hacer el amor que un día lluvioso, gris, frío y tú en tu casa, con calor, mantita, velitas y unas copas de vino.


Me extrañó que estuviera la luz apagada, puede que de la tormenta hubiera saltado el automático pero así y todo él no podía estar a oscuras.
 
Vivo en una casa grande. Hay que recorrer un largo pasillo para llegar al salón. Dí la luz. Se encendió. ¿Qué mosca le había picado a este?
 
  • ¿Cariño? ¿Hola?
  •  
Nadie respondió. El salón estaba vacío.


No me explicaba a qué estaba jugando. Sé que no somos la pareja más comunicativa ni tampoco nos queremos con locura como dos adolescentes descontrolados pero, llegas a una edad en la que la estabilidad y la rutina lo impregna todo y follar en los días de lluvia es lo único que te queda.
 
  • ¿Dónde coño estas?
  •  
La verdad es que nunca le había echado en falta, más bien al contrario. Prefería que se fuera con sus amigos a jugar al ajedrez “deporte” que le encantaba y al que yo nunca podré encontrarle la gracia, y que me dejara el sábado tranquila en casa leyendo, viendo una película o simplemente arreglándome las uñas.
 
Pero estaba preocupada. Llovía a cántaros, hacía frío, era nuestro día sagrado de placer y no daba señales de vida.


Sabía cuidarse solito, eso lo tenía claro. Pero a veces se le iba la pinza. No solía hacer cosas extrañas pero las discusiones le desconcertaban y, después de la que habíamos tenido hacía unas horas, hasta yo había estado a punto de equivocarme de chaqueta en aquel bar.


No solemos levantarnos la voz. Ya os digo que la monotonía y la estabilidad serían los mejores adjetivos para definir nuestras vidas pero, cuando lo hacemos, es mejor que las distancias y nuestras aficiones individuales tomen parte en conseguir de nuevo la quietud.


Son las tres de la madrugada. Tengo mucho sueño. No coge el móvil. No responde a mis whatsapp. No se conecta desde esta mañana.
 
Me tomo un té muy cargado. Sabe a rayos. Siempre se me olvida echarle azúcar.
 
Las cuatro. Me voy a dormir. Ya vendrá. Más no puedo hacer. Estoy harta de sus rutinas y sus reuniones de trabajo.
 
Me despierto. Por la ventana medio cerrada entran los rayos del sol. Debo haber dormido más de la cuenta. Menos mal que trabajo en casa.
 
No está. Sigue sin aparecer.


¿Debería llamar a la policía? ¿espero un rato más? ¿llamo a su madre? Esto último no. Es muy pesada. Yo creo que no me traga porque está enamorada de su hijo y él se casó conmigo.


No tengo ni idea de qué hacer.
 
Se me ocurre bajar al sótano. Él suele guardar sus coleccionables (otra afición rara de las suyas) en un pequeño estudio que montó cuando nos venimos a vivir a esta casa. Su espacio decía. Igual me ha dejado algo escrito.
 
No hizo falta ni encender la luz. El claroscuro que formaba la luz de las rendijas de las ventanas me hicieron ver la horrible escena de mi marido tumbado desnudo encima de una mulata. Inertes.


Me entró una arcada mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.


Subí corriendo y llamé a la policía.


                                                                            …
 
 

Ni la ropa, ni las relaciones, ni la vida son para siempre. Todo tiene un fin. Elegido o imprevisto.

Podemos ser amantes del ajedrez, follar como descosidos o pasarnos horas delante del ordenador. Llegará un día en el que todo dejará de existir para nosotros. Nada de lo que has hecho, pensado o amado se irá contigo.

Simplemente tener eso en cuenta para cuando nos fallen, nos hagan daño, nos decepcionen o desaparezcan las personas que nos importan.



Nosotros también vamos a desaparecer. Disfrutemos.


 


miércoles, 20 de febrero de 2013

Puede ser


  • Puede ser.
  • ¿Solo sabes responder con frases condicionales?
  • No, bueno, también me gusta utilizar monosílabos.
  • Ya lo he notado.
  •  
  • ¿Si?
  • ¿Ves? Otro.
  • ¿Pero a ti qué te pasa? Si fueras chica pensaría que te ha bajado la regla.
  • Hablando de reglas… tu no tienes que preocuparte, seguro que te baja este mes.
  • ¿Eh?
  • ¡Que me tienes a dos velas! ¡Que hace un mes y medio que no follamos! ¡Que estoy que me subo por las paredes!
  • Exagerado… ¿tanto hace?
  • Pues sí, después no te quejes de que no aguanto... con las ganas que tengo, con solo tocarte me corro.
  •  
  • De eso nada. ¡Tu te esperas a que yo me corra que luego te me duermes y la que me quedo a dos velas soy yo!
  •  
  • Si al final tendré yo la culpa de todo...
  •  
  • Pues claro. Como siempre.
  •  
  • Lo que hay que aguantar...
  •  
  • Si no quieres estar conmigo ya lo sabes... ¡ahí tienes la puerta!
  •  
  • Siempre terminamos igual.
  •  
  • Porque me pones de los nervios.
  •  
  • Pues ya podría ponerte cachonda...
  •  
  • Ya estamos otra vez...¿Sólo sabes hablar de sexo? Nuestra relación va mucho más allá de eso.
  •  
  • Si tu lo dices...
  •  
  • Venga bajate los pantalones.
  •  
  • ¡Que rápido ha sido esta vez!
  •  
  • ¿Qué?
  •  
  • Normalmente me cuesta más de una discusión hacerte entrar en razón.
  •  
  • Bueno puede que a mi también me apetezca follar contigo.
  •  
  • Puede ser.
  •  
  • Pues ale ¡calla y bájate los pantalones!
  •  
 
 
 

martes, 8 de mayo de 2012

Follamigo

-         ¿Cómo puede ser que ya no te guste?
-         No es que no me gustes, es que no puede ser.
-         Pero ¿por qué?
-         Por ti, por mí, por las circunstáncias, la distancia…
-         Pero si no te estoy pidiendo que te cases conmigo, te estoy diciendo que me apetece follarte.
-         Joder, que fina me has salido…
-         Es la verdad, para un polvo no hace falta darle tantas vueltas a todo. A no ser, que sea verdad, y ya no te guste.
-         Que sí me gustas, pero mejor que seamos amigos.
-         ¿Tu te estás oyendo? ¿Qué no te gustó la última vez?
-         Buff, claro que me gustó, pero todas las cosas que me están pasando, los problemas…
-         Te vuelvo a repetir que sólo me apetecía un revolcón.
-         Lo siento.
-         No lo sientas, no importa, tu te lo pierdes.
-         Ahora me siento mal…
-         No me vengas ahora con que te sientes mal que peor me siento yo al decirme que te gusto, nos acostamos y al mes vienes con esto.
-         No tiene nada que ver contigo.
-         Pues yo pensaba que no te había gustado la mamada.
-         Seguimos con la finura… y no. El sexo oral genial.
-         Bueno ves, para hablar fino ya te tengo a ti.
-         Es que eres una suelta…
-         ¡Y tu un reprimido!
-         ¡Eh! No te pases.
-         No me paso, no te estaba pidiendo la luna y si de verdad disfrutaste la otra vez y aún te sigo gustando, no sé que tiene de malo “que nos acostemos”.
-         Para…
-         Vale, pero no sé si podremos ser amigos.
-         Pero ¿por qué? ¿vas a dejar de hablarme porque no me acuesto contigo?
-         Pues puede.
-         Estás como una col.
-         Tal vez, pero a los amigos se les escucha y se les ayuda. Puede que yo necesitara desahogarme y tu no me estás apoyando nada.
-         Yo no quiero ser tu “follamigo”.
-         Ni yo quiero que lo seas.
-         Pues a mi me parece que es lo que me estás pidiendo.
-         Déjalo. Sabes que no me resultará difícil llevarme a otro a la cama.
-         Bueno, no te enfades conmigo, no me gustaría dejar de ser tu amigo.
-         La amistad es cosa de dos. Ya veremos.
-         Vale, no voy a insistir más.
-         Lo pensaré. Lo prometo.
-         Gracias.