- Pégame.
- ¿Qué?
- ¡Que me pegues en el culo!
- …
- ¡Joder pégame!
- Plas...
- jajaja
- ¿Qué pasa?
- ¿Eso es una palmada en el culo?
- ¿Cómo voy a pegarte?
- ¡Pues pegándome!
- Te voy a hacer daño...
- Cuando estás cachonda el dolor es relativo.
- Yo paso.
- ¿Por qué? A todos los tíos les gusta dar azotes en el culo.
- ¿ A qué tíos conoces tú?
- Bueno, a todos no lo sé, pero lo supongo.
- Supones demasiado.
- Puede ser, pero a ti no te cuesta nada y a mi me excita mucho.
- Sí que me cuesta, no quiero pegarte.
- Pero si no es pegarme, es darme placer.
- ¿Cómo va a darte placer un azote en el culo? Lo que va a pasar es que se te va a quedar más rojo que un tomate.
- Bah, eso se va en un rato.
- Mira que eres retorcida...
- Bueno, no nos pongamos a hablar porque si empiezo a enumerar tus “pequeñas manías” en la cama no terminaríamos nunca.
- ¡Yo no tengo manías!
- ¿Ah no? !Pues bien que me haces lavar las manos antes de hacerte una paja! Pregunta a ver a qué tío le importa si su novia se ha enjuagado o no.
- Soy un tío limpio.
- Eres un poco idiota.
- ¿Ya empiezas?
- Has empezado tu, yo solo quería que me pegaras una palmada en el culo, correrme a gusto e irme a dormir tranquila. Pero ya ves, ninguna de las tres cosas me ha concedido el genio. Tiempo de crisis.
- Que agria eres.
- Y tú que poco empático.
- Yo no quiero pegarte.
- Ais, vale pues, ya se me han pasado las ganas, la verdad, mejor lo dejamos para otro día que ya me he hecho a la idea de que hoy me duermo sin orgasmo.
- ¿Y yo?
- ¿¿Tu?? Si ya sabía yo que el egoísmo ni viviendo juntos se te iba a quitar...
- ¡No soy egoísta! Quiero hacer el amor como las parejas normales, como en las películas.
- ¡En las películas no follan! Acaso te crees que las chicas se corren solo con cuatro mete-saca?
- Eres demasiado complicada, con una más modosita me hubiera ido mejor.
- Eso no te lo crees ni tu. Y lo sabes.
- Bueno ya, se te da muy bien, es verdad, pero me pides unas cosas....
- He dicho que vamos a dejar lo de los azotes, ya lo retomaremos....
- Insaciable... buenas noches.
- Buenas noches cariño.
- …
- Te quiero.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Azotes
viernes, 24 de mayo de 2013
27
Hoy cumplo 27.
Mientras Los planetas estarán tocando
su cumpleaños total de hace 15 años yo lo celebraré.
Mientras entonaban su segundo premio yo
empezaba el instituto y sobrevivía como podía al estrés de llevar
conjuntamente la formación escolar y musical.
Los años de instituto no son fáciles.
Los del colegio tampoco. Ahora lo vivo muy de cerca pero de manera
externa. Ser maestra te devuelve a tus días de colegio, a los
conflictos eternos entre compañeros de clase y a la preocupación
desmesurada por conseguir unas notas que, a día de hoy, te das
cuenta que no eran tan importantes.
El tiempo todo lo relativiza. Le quita
peso.
Hubo momentos duros. Mientras iba al
colegio mi padre era maestro en el colegio. Cuando pasé al instituto
mi padre pasó a ser director del instituto y quieras que no, ser la
hija del maestro, del profesor y del director de tu centro marca. Y
mucho.
A mi padre le llamaban el sapo. Lo
odiaba, lo reconozco. Desde pequeña lo admiraba y no entendía como
a una persona tan buena como mi padre le podían tener manía y
decirle cosas así.
Yo era la sapita. Durante muchos años
tenía vergüenza de encontrarme con los mayores, de que me dijeran
cosas, que me repitieran una y otra vez que era una enchufada y que
se metieran conmigo.
Pese a todo, tengo muchos recuerdos
buenos de la época escolar y guardo algunas amistades que, aunque no
sean intensas, sé que siempre estarán ahí.
Me encantaba leer, devoraba libros. Aún
guardo una libreta en la que apuntaba todos los títulos de los
libros que iba leyendo por años y les ponía nota.
Muchos de esos libros siguen en las
bibliotecas de los centros. Me ha venido genial. He creado un
concurso literario en clase en el que, desde que lo llevamos a cabo
los niños leen una media de dos libros por semana con la dificultad
de saber que, la maestra se los ha leído todos y., o se los leen
bien y se fijan en los detalles o enseguida les pillo y tienen que
volver a releer.
Llevo gafas por leer. No me dejaban
hacerlo hasta muy tarde así que, cogía una linterna y me ponía a
leer debajo de las sábanas. Nunca lo hagáis. En medio año gafas.
Le dedicaba muchas horas a la música,
y cree un mundo paralelo al escolar. El musical. En el que la gente
se parecía mucho más a mi, mi padre no estaba presente en el centro
(aunque al pobre le tocaba esperarse horas y horas a que terminara
las clases) y me absorbía todas las horas que tenía de descanso y
no estaba leyendo.
Con 27 años ya se tiene perspectiva de
la infancia. Muchos líderes han pasado a ser insignificantes, gente
que no destacaba ha sabido llevar las riendas de su vida y ahora
triunfa y muchas de las cosas que pensé en su día que no podría
vivir sin ellas o que me iban a arruinar o a cambiar la vida fueron
simple anécdotas del pasado que me han hecho convertirme en alguien
más fuerte, más realista, más madura y más empática.
Ahora con 27 veo todos los estereotipos
en todas las clases de niños de todos los colegios que he estado.
Ahora con 27 espero que años después,
con 54, pueda ver las tonterías que me pasan ahora relativizadas,
insignificantes y constructivas.
Qué sabia es la experiencia.
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martes, 14 de mayo de 2013
730 días sin Pedro San Martín
Hola amor, ¿Cómo te va? Espero que
estés disfrutando de no tener que ir a trabajar, de la ausencia de
madrugones y la despreocupación de la crisis.
A mí no me dieron la comisión y este
año he vuelto a mi plaza en un colegio de Burriana. Estoy muy
contenta de ser tutora de tercero de primaria. He congeniado muy bien
con las compañeras (pocos chicos hay) aunque, he tenido mala suerte,
con esto de los recortes me han suprimido la plaza y me tocará
volver a cambiar.
Ya te contaré el año que viene.
Me he independizado. Nuevo cole, nueva
casa y nuevo pueblo. Te recuerdo contando las ventajas y desventajas
de vivir solo. Todo verdad. Más responsabilidades,más gasto, más
libertad y ¡más cenas!
Te encantaría mi estantería con tus
cds, libros, vinilos... mezclados con los míos y los de mi padre.
Pero sobretodo, alucinarías con el
vestidor que me he montado y la kingsize que me aguanta por las
noches.
Me operaron. Me quitaron la vesícula.
Mi osteópata dice que es la consecuencia de somatizar el dolor de
vuestra ausencia.
Los médicos no se explican cómo podía
tener el órgano tan hecho polvo.
Ahora ya no está. Como tú.
Si la vida puede cambiar en un segundo
y pasar a ser muerte, imagínate durante estos 365 días que no te he
escrito.
Mi madre está mejor, poco a poco se
asimilan las cosas y, aunque nunca se olvidan, se aprende a convivir
con ello y a afrontar el tiempo que queda de la manera más feliz,
enriquecedora y productiva posible.
Espero que quedes con mi padre ahí
arriba. Él te apreciaba mucho. Cuando nos toque subir a nosotros nos
montaremos una buena fiesta.
He conocido a alguien. Bueno,
realmente, ya le conocía. Desde los 8 años cuando empezamos el
conservatorio de violín nuestras vida han ido bastante paralelas.
Ahora se han desviado y se han
convertido en secantes y se han unido en un punto, un punto que, como
bien dice tu gran admirado Houellebecq, aunque sea del mismo
territorio, el mapa siempre será cambiante.
Es un encanto. Músico, mago y maestro.
Tres bonitas emes que se resumen en la palabra “artista”. Amante
del vino y la cocina, deportista y con oído absoluto. La verdad es
que tenéis muchas más cosas y gustos en común de las que yo
pensaba cuando empecé a seguirte los pasos y a descubrirle la comida
japonesa, la musica indie, las tarjetas de puntos los chollos... el
saber general que tu me enseñaste a mí.
Porque tu me enseñaste tanto...
Sigo visitando a tus padres, están
mayores, pero se alegran mucho al verme. Me encanta la foto que
tienen nuestra en el salón. Siempre sonriendo.
Donosti sigue igual de bonita.
Borja sigue en China, aún no he
podido ir a visitarle.
Toda la cuadrilla está espléndida.
¡Hay un montón de nuevas personitas! Te hubiese encantado este ir y
venir de cochecitos entre copas, txuletones y pintxos. Porque eso sí.
Seguimos pegándonos los mismo homenajes de siempre que tú bien
conoces.
Y por lo demás todo bien, sigo
viajando, yendo a conciertos, festivales, cenas, excursiones, sigo
conociendo a gente interesante, extraordinaria, y al mismo tiempo veo
que al menos yo, estoy siguiendo el camino que empezamos juntos.
Los 26 han sido buenos, costó remontar
al principio pero ya sabes que yo lo que me propongo lo consigo y que
a optimismo y fuerza de voluntad no me gana nadie.
A ver que nos deparan los 27, ya te
contaré, porque hay tantas cosas que le pasan a Rosa Martí que
seguro que seguirá habiendo blog para rato.
Siempre te querré Pedrito.
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martes, 7 de mayo de 2013
Finales
Cogí la chaqueta del colgador. No me
fijé mucho en si era la mía. Tampoco me importaba. Ya tenía cinco
años y la ropa, como todo en esta vida, tiene fecha de caducidad.
Hacía frío en la calle. Aquí llueve
poco, pero cuando lo hace, la vida se paraliza de puertas hacía
fuera y se incrementa la tasa de natalidad.
No me gusta llevar gafas cuando llueve,
se empañan, se mojan y nunca encuentras un pañuelo a mano para
secarlas.
Entré a casa. Había pensado unirme a
los del incremento. No hay mejor momento para hacer el amor que un
día lluvioso, gris, frío y tú en tu casa, con calor, mantita,
velitas y unas copas de vino.
Me extrañó que estuviera la luz
apagada, puede que de la tormenta hubiera saltado el automático pero
así y todo él no podía estar a oscuras.
Vivo en una casa grande. Hay que
recorrer un largo pasillo para llegar al salón. Dí la luz. Se
encendió. ¿Qué mosca le había picado a este?
- ¿Cariño? ¿Hola?
Nadie respondió. El salón estaba
vacío.
No me explicaba a qué estaba jugando.
Sé que no somos la pareja más comunicativa ni tampoco nos queremos
con locura como dos adolescentes descontrolados pero, llegas a una
edad en la que la estabilidad y la rutina lo impregna todo y follar
en los días de lluvia es lo único que te queda.
- ¿Dónde coño estas?
La verdad es que nunca le había echado
en falta, más bien al contrario. Prefería que se fuera con sus
amigos a jugar al ajedrez “deporte” que le encantaba y al que yo
nunca podré encontrarle la gracia, y que me dejara el sábado
tranquila en casa leyendo, viendo una película o simplemente
arreglándome las uñas.
Pero estaba preocupada. Llovía a
cántaros, hacía frío, era nuestro día sagrado de placer y no daba
señales de vida.
Sabía cuidarse solito, eso lo tenía
claro. Pero a veces se le iba la pinza. No solía hacer cosas
extrañas pero las discusiones le desconcertaban y, después de la
que habíamos tenido hacía unas horas, hasta yo había estado a
punto de equivocarme de chaqueta en aquel bar.
No solemos levantarnos la voz. Ya os
digo que la monotonía y la estabilidad serían los mejores adjetivos
para definir nuestras vidas pero, cuando lo hacemos, es mejor que las
distancias y nuestras aficiones individuales tomen parte en conseguir
de nuevo la quietud.
Son las tres de la madrugada. Tengo
mucho sueño. No coge el móvil. No responde a mis whatsapp. No se
conecta desde esta mañana.
Me tomo un té muy cargado. Sabe a
rayos. Siempre se me olvida echarle azúcar.
Las cuatro. Me voy a dormir. Ya vendrá.
Más no puedo hacer. Estoy harta de sus rutinas y sus reuniones de
trabajo.
Me despierto. Por la ventana medio
cerrada entran los rayos del sol. Debo haber dormido más de la
cuenta. Menos mal que trabajo en casa.
No está. Sigue sin aparecer.
¿Debería llamar a la policía?
¿espero un rato más? ¿llamo a su madre? Esto último no. Es muy
pesada. Yo creo que no me traga porque está enamorada de su hijo y
él se casó conmigo.
No tengo ni idea de qué hacer.
Se me ocurre bajar al sótano. Él
suele guardar sus coleccionables (otra afición rara de las suyas) en
un pequeño estudio que montó cuando nos venimos a vivir a esta
casa. Su espacio decía. Igual me ha dejado algo escrito.
No hizo falta ni encender la luz. El
claroscuro que formaba la luz de las rendijas de las ventanas me
hicieron ver la horrible escena de mi marido tumbado desnudo encima
de una mulata. Inertes.
Me entró una arcada mientras mis ojos
se llenaban de lágrimas.
Subí corriendo y llamé a la policía.
…
Ni la ropa, ni las relaciones, ni la
vida son para siempre. Todo tiene un fin. Elegido o imprevisto.
Podemos ser amantes del ajedrez, follar
como descosidos o pasarnos horas delante del ordenador. Llegará un
día en el que todo dejará de existir para nosotros. Nada de lo que
has hecho, pensado o amado se irá contigo.
Simplemente tener eso en cuenta para
cuando nos fallen, nos hagan daño, nos decepcionen o desaparezcan
las personas que nos importan.
Nosotros también vamos a desaparecer.
Disfrutemos.
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